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Mostrando entradas de enero, 2014

Mariposas Negras (II)

Me levanto con un dolor de cabeza insoportable. No puedo mover los brazos ni las piernas. ¿Dónde estoy? Por una mínima ventana caen unos pocos rayos de sol y me sorprende estar en un lugar conocido.  ¿Qué hago yo aquí? ¿Qué me pasó?  Aprieto mis ojos con las dos manos para acostumbrarme a la luz, trato de estirar mi cuerpo para tomar una mejor posición y me percato que estoy desnuda.  Desnuda y pintada por todo el cuerpo.  ¿Qué vaina es esta?  Desde la punta de mi pie izquierdo, una línea oscura sube hasta detenerse en mi ombligo, en ese punto una docena de mariposas negras se riegan por mi estómago, mis caderas, mis brazos.  En mi muslo derecho, una flor de loto reposa en un huracán de marcas sin sentido.  Dejo caer mi brazo izquierdo y cae en un cuerpo cálido. Lo recordé todo.  -Mawa, compra chocolate. -¿Chocolate?  -Sí, se siente muy bien cuando fumas.  Hice caso a la petición. En mi anexo tenía helado y dulces de chocolate, no tenía idea de lo hablaba, pe

Mi promesa (Intermedio II)

No quiero hacer nada más en mi vida que escribir, leer y escribir. Lo dejo plasmado ahora que terminé una crónica sobre el nacimiento del Steel Band. Lo terminé a tiempo para la edición del día, pero al llegar a casa me di cuenta que no estaba perfecto, que deseaba regresar al periódico y quedarme al frente de esa computadora el tiempo que sea necesario hasta que esta fiebre que me cubre ahora, se calme. Es la calentura de seguir contando, de querer indagar más, de llegar hasta el hueso. Jamás me había sentido así en otros trabajos. Pasé nueve años de mi vida encerrada en una oficina editando vídeos sobre curiosidades en el mundo. Era cortar y pegar imágenes, volver a cortar y seguir esa rutina monótona hasta que llegaba la quincena y luego volver a lo mismo. El último año de esa miserable época, me quedaba sentada unos minutos llorando en la cama, lamentándome de mi desgracia. Me pagaban bien, pero a cambio me chupaba todas mis fuerzas. Al llegar a Puerto Ordaz, no pasó ni un

Más limón y sal (El juicio)

-¡Qué bolas Mawa! -Nena, nena. Estas cosas sólo te pasan a ti. -Jajajaja. -Los tres están gozando mucho ¿no? Merezco el regaño. -¿Sabes cuál es tu problema Mawa? Ambicionas mucho, te dieron un pedazo de torta y tú la querías toda. -No sé si esa comparación gastronómica es exacta. -Jajaja. -Ahora por TU culpa no vamos a ver más a Andrea. -¿Por mi culpa? Un momento, en ese carro estábamos dos personas, adultas por cierto, así que no me eches el muerto a mi sola. -Nena, ¿pero que les pasó? ¿Por qué fueron tan brutas? -Jajaja -Y este no deja de reírse, ¿qué tanto te da risa? -Jajaja, nada sigan hablando. -¡Qué bolas Mawa! Eres una irresponsable. -Si me sigues juzgando de esa forma me voy a molestar mucho contigo. Eres mi amigo, no estoy pidiendo que me des una palmada en este momento, ni me felicites por lo que pasó... -El novio de Andrea era mi pana, ¿ahora con que cara lo voy a ver? -¡Ah! ¿Ese es el problema? ¿Qué él era tu amigo del alma? Tú sabías lo que pasaba entre An

Tequila, limón y sal (El final)

Un sonido seco, uno solo, en la ventana del carro de Andrea. Ni ella, ni yo lo notamos. Los vidrios estaban empañados de besos, caricias, de una locura que había propiciado el alcohol. Pero ese sonido solitario, se convirtió en golpes desesperados por todo el carro. Fue ella quien se percató de la situación. -Mawa, ¡Para! -¿Por qué? Dije en la bruma del deseo, despertando de ese momento nirvana, alejada de la tierra y enamorada sin fin. Golpes más fuertes, me bajaron de un trancazo a la tierra. -¡Abran la puta puerta o voy a destrozar el carro! Escuché la voz del novio de Andrea cada vez más nítida. Miré por el parabrisas y nos encontramos frente a frente, él tenía una piedra en la mano. La cara descompuesta, la decisión de romperlo todo. Me di cuenta que había amanecido de golpe, la última vez que lo vi, todavía era de noche. -Me voy mi amor, avísame cuando llegues a tu casa. Fueron las últimas palabras del novio de Andrea, en una reunión para despedirla de Venezuela. Le

Tequila, limón y sal (IV)

No quiero verla, no quiero verla, ni siquiera escribirle, no y no, quisiera verla pero NO, que se vaya a la China si quiere, pero no la voy a ver más. No le voy a hablar, ni siquiera un momento, nada de despedidas y esa hipocresía de "éxitos, espero que todo te vaya bien al lado de tu novio, ¡que tengas hijos hermosos con ojos verdes!". ¡Ja!, no soy hipócrita. Me mandó un mensaje ¿y ahora que hago? La voy a dejar en leído, no le voy a responder, o quizás sí, un OK, algo cortante, o tal vez un mensaje de esos que dan a entender que no me importa nada, que me da igual que se vaya del país, un mensaje frío...Mawa, ¡Le dijiste que estabas enamorada de ella! ¿Dónde dejaste el manual cuando lo hiciste? En el manual de relaciones dice ¡claramente! que jamás debes decirle a alguien primero que estas enamorada, no, no. ¡Y yo soy una mujer vale! Ella es una carajita ¿qué edad tiene? ¿24? Ella manejó mejor la situación, no se involucró, el manual lo tiré a la basura. ¡Sabías que tenía

Tequila, limón y sal (III)

-Me estás tentando, te voy a dar un beso aquí y ahora. -Dámelo ¿por qué no lo haces? Era simple la respuesta, pero Andrea estaba tan bebida que se había olvidado que su novio estaba a unos pocos metros. Se acercaba provocativamente a mi cuello para decirme palabras sin sentido y en el proceso dejaba caer sus besos cortos en mi hombro. Su novio nos miraba fijamente. -Andrea estás muy tomada. -¡Me gustas Mawa! Me paré de su lado antes que la reunión terminara en un baño de sangre y sabía que yo iba a tener la peor parte. Andrea era incontrolable cuando se tomaba un par de cervezas. Lo demostró en otra ocasión cuando las dos visitamos a una amiga y me besó en su carro mientras la esperábamos. Yo estaba paranoica. -¿No se ve nada con estos vidrios ahumados? Se reía ante mi insistencia de tener un poco, un mínimo de precaución por lo que estaba pasando, yo no tenía nada que perder, pero ella sí, y mucho. Con sus palabras, en no molestartarme por esos detalles, me abrió la puerta

Tequila, limón y sal (II)

Andrea es perfecta. Tiene los ojos verdes, una piel que siempre presume de bronceado, cuerpo definido por el deporte, una sonrisa encantadora, un humor a prueba de malos ratos, encanto magnético, facilidad para hablar.  ¿Escribí que Andrea es perfecta...para mí? Pues no tanto, había un detallito que no podía pasar por alto: su novio.  La primera vez que la vi, fue en una pauta con periodistas. Ella estaba completamente perdida sobre lo que iba a hacer, yo tenía mucha experiencia haciendo diarismo, esto hizo que se acerca a mi para pedirme ayuda.  Lo primero que noté fue su acento colombiano.  -¿De dónde eres? -Maracay.  -¿Maracay? ¿Y ese acento? -Es de allá.  No pude evitar reírme. -Viví trece años en Maracay, es imposible que me digas que ese acento colombiano sea, no sólo de Maracay, de Venezuela. Di la verdad y cuéntame que estás ilegal en el país.  Lo dije medio en broma, medio en plan de coqueteo, porque Andrea me dedicaba una sonrisa de dientes perfectamen

Mi amiga se va

-Lesly, no sé como somos amigas, si pensamos tan diferente. -Es obra de Dios. Él nos pone a las personas en el camino para aprender. Hablar de diferencias entre nosotras es poco: ella es cristiana, yo soy atea, ella no bebe, yo puedo sentarme a tomar sin parar, Lesly ama el chocolate, a mi no me entusiasman los dulces, Lesly es calmada, yo exploto en cualquier situación, ella es comedida, yo le hablo de sexo sin pudor, Lesly prefiere más las imágenes que las palabras , yo soy lo contrario. Pero la diferencia más abismal, mi amiga es heterosexual y a mi me gustan las mujeres. Una vez le toqué el tema. -¿Crees que los gays deberían tener el derecho de casarse y adoptar? -Mawa me vas a perdonar lo que voy a decir, pero no. Ni me molesté, ni propicié una discusión estéril que seguramente quedaría en nada, era su opinión y se la respeté, porque a pesar de lo que ella pensaba, siempre me respetó. ¿Cómo una persona tan diferente a mí llega a ser mi amiga? Se lo atribuyo a la necesida

Me levanté al drug dealer

-¡Así que esto es la soltería! No entiendo porque es lo primero que pienso al quedarme encerrada en este baño de una disco de ambiente. Apenas me puedo mover en un espacio que no debe sobrepasar un metro de largo por dos de ancho, pegado a mis costillas está el lavabo con pegotes de vómito alrededor. Alguien, en un delirio de buen samaritano, le tiró cubos de hielo encima para calmar el mal olor. Pero no. No ha dado resultado. Sostengo la respiración por un rato porque no quiero salir, aún. Antes de entrar a este baño, una mujer esperaba delante de mí. Me comió con una mirada masculina, mientras apoyaba su pierna izquierda en la pared y le daba una jalón largo a su cigarro. -Pasa tú que yo estoy esperando a mi hermanita. Me dijo pegando su boca a mi oído con el pretexto de la música alta. Sentí escalofríos, pero de asco. Al minuto salió una tipa que debía sostenerse de la puerta para no caer, le sonrió a la mujer y sin más se dieron un beso agresivo y torpe, aproveché para me

Ella no me quería

El ego queridos lectores. El ego herido ha causado más estragos en la humanidad que todas las guerras mundiales, civiles o frías y hablo en concreto, del ego herido de amor. Ese dolor que te retuerce los intestinos cuando no obtienes el mismo cariño -o un poco más- de la persona con quien sales. Tú no la amas, pero te jode que tampoco te ame a ti. Cuando te das cuenta de esto, se activa un mecanismo masoquista que te obliga, te pide, te impulsa a tratar de conquistar lo imposible. Es tan fácil saber cuando alguien está contigo por pasar el rato, porque no hay nadie más, porque no quiere estar solo, que las excusas para no terminar ese intento de relación sólo se sostienen por el ego. Lógicamente pondré mi experiencia por delante. Ella no me quería, lo supe al primer mes de estar juntas. En ese tiempo no estaba conforme con nada de lo que hacía, si estaba manejando y por casualidad me paraba sobre un rayado peatonal me gritaba, si le decía que estaba bebiendo una cerveza al lado

Dolor en los labios

"Eres terrible cuando estás soltera, es mejor cuando tienes pareja". No sé cuando veces mis amigos me dijeron lo mismo, pero tenían razón.  Lo descubrí una vez que no estaba saliendo con nadie, pero aceptaba invitaciones de personas que jamás se me hubiese pasado por la mente al menos tomar un café.  Pero estaba esta chica, Fabiola, que siempre me escribía para salir,. Ni me gustaba, ni le prestaba la mínima atención, pero acepté su propuesta de ir a una disco de ambiente. Estaba aburrida y soltera. Fabiola me buscó en mi casa, me invitó a comer, me abrió la puerta del carro. En serio me hizo sentir como una reina, pero de mi lado no había la mínima química.  Llegamos a la disco de ambiente y en el sitio no cabía un alma.  Fabiola me brindó las cervezas, me sacaba conversaciones que apenas podía escuchar porque la música no dejaba y además estaba pendiente de otra. Ella era la chica más linda del lugar, no la conocía pero bailaba en el medio de la pista con un

La partida

La vida te sostenía cada diez segundos, exactos. Ese era el tiempo que te llevaba tomar una bocanada de aire. Diez segundos, silencio, espera y otro suspiro. Eran las once de la mañana de un domingo de agosto, lluvioso y oscuro y yo te sostenía la mano, mentira, te apretaba la mano para que te aferraras a algo. ¿O era yo que me aferraba a ti? La gente pasaba por la habitación de la clínica, tocaba tu frente ardiendo y se iba con el miedo en la boca. El final estaba cerca y no querían verme y verte a la cara cuando ocurriera. Mi hermano mayor te agarraba de un lado y yo de otro. Tus suspiros se convirtieron en pulsaciones de dolor, mientras te calmaba con palabras tiernas, con recuerdos borrosos, con perdones tardíos, con promesas por cumplir. -Papá ¿te acuerdas cuando me leías tus obras de teatro? Te metías en los personajes y lo practicabas frente a mí. Punzada de dolor y el silencio. -¿Recuerdas cuando me hacías unas colas en el cabello para ir a la escuela? Silencio, espas