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Mostrando entradas de abril, 2020

Una señal del destino (I)

Les juro que si canta una vez más empezaré a gritar. Puedo jurar, que si llega a acercarse un poco más para besarme como es su intención, o para tocarme como señalan sus ganas, voy a fingir un desmayo.  Les puedo jurar que yo jamás alenté, propicié, animé, avivé -ustedes busquen los sinónimos que quieran- pero jamás hice algo para estar en esta situación tan bochornosa, atrapada en el cubículo de un baño público sin poder moverme, mientras la hermana de una compañera de trabajo me tiene acorralada dedicándome una canción. - Yo no me doy por vencida ...te recuerdo que tu hermana y mi novia están afuera...y o quiero un mundo contigo ...y estamos tardando mucho... juro que vale la pena ...juro que voy a gritar si no me dejas salir de acá... esperar, esperar y esperar un suspiro ... (Suspiro) La cantante aficionada se llama Julia, pero yo le digo Selma porque es la copia exacta de la hermana de Marge Simpson.  A Selma no parece importarle que fuera de este baño fétido y con poc

Olor a macho

No recuerdo cómo la conocí. Pero lo más seguro es haberme tropezado con su perfil en Badoo. Badoo, esa red social para citas bautizada por mí en algún momento como "el museo del horror", por la cantidad de gente desesperada, insana y ninfómana, aglomerada en un solo espacio virtual. No crean que me estoy escapando de mis responsabilidades, si estuve allí, tan cuerda no estaba. Si mi memoria no falla, pude conectar con tres mujeres. Una de ellas fue la peor cita de mi vida: me invitó a casa de sus amigos para darle celos a su ex. Con la segunda tuve una relación no mayor de cinco meses que no llegó a buen término, porque nunca encontramos temas comunes de conversación. Pero la tercera, la tercera parecía diferente. Era una chica diez años menor que yo, con negocio, casa y carro propio. Cuando me comentó que era independiente a los 25 años de edad, no le creí ni un poco. Estaba acostumbrada a los perfiles falsos creados en las redes sociales, las mujeres que se quitab