Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2014

Mujer ingrata (y IV)

Lo que hace es triturar la cebolla, porque no hay otra palabra, triturar. Con ese cuchillo afilado da golpes de odio a la tabla de cocina, mientras prepara el almuerzo para mañana. Y aquí estoy yo, escuchando como una buena amiga los problemas con su ex, los eternos ex. No, no, mejor dicho, los fastidiosos, repetitivos cuentos de los ex. Ya me ha comparado con él, porque es un él, y como las comparaciones son odiosas, en este caso salgo perdiendo. Porque ella odia a su ex con tanta fuerza como machaca ahora un diente de ajo y yo me parezco a su ex en lo peor. Fumo, bebo, le dije que no me molestaba el kareoke y me encantan las fiestas. Todas las razones por la que su relación pasada no prosperó. Sí, las comparaciones son odiosas y esta en particular, me produce de todo. Bebo cerveza y escucho con calma, mientras ella saca su bebida y la toma de un trago con arrechera. Estoy en la línea de fuego, callada porque siento que si digo algo, el problema me va a salpicar directamente

Mujer ingrata (III)

-Prometo dejarla. -No lo harás Mawa. -¿Por qué lo dices? ¿Por el sexo? -Por eso y otras cosas. Era verdad. Mi amigo me atrapó en la mentira, en una promesa ilógica que jamás iba a cumplir. Con ella no, al menos por el momento. Lo nuestro era un desahogo desesperado, un accidente en donde contabilizamos como víctimas la sensatez y la prudencia, pero yo nunca me dejo llevar por la razón y ella aniquilaba la poca que tenía. Las visitas a su casa eran encuentros llenos de besos sin tiempo que comenzaban en la cocina, se avivan en el piso, maduraban en la mesa y terminaban exhausto en la ducha. -¡Quédate a dormir conmigo! La simple frase provocó en mí cosquillas llenas de fe, sobre un futuro que desde lejos no estaba en nuestro camino. Ella se tomó el trabajo de recordarlo en cada una de nuestras citas, para matar o desahuciar las escasas esperanzas. Así que decidí tomar todo a la ligera y engaveté los sentimientos en un lugar muy apartado del corazón, pero a veces, regresaban vel

Buena suerte, señorita Lluvia

El pasado son esos hilos invisibles que no te dejan avanzar en el presente ni ver el futuro. Lo sé porque cargué con ese bulto de recuerdos por más de dos años, lleno con un cargamento de comparaciones, guardando ropas sucias de rencores, con una muda nueva de inalcanzables peticiones y con la desconfianza prendida en la maleta. Ahora que doy un vistazo a ese pasado caigo en cuenta que era imposible abrir las puertas a una nueva relación. Estaba herida y enamorada. La única forma de arrancar todo ese sentimiento de frustración y deseo era escribir sobre mi relación pasada con Alejandra y lo hacía casi siempre bañada en llanto y con un vaso de cerveza al lado. Pero era necesario. El dolor no tiene fecha de caducidad, se pasa con un trago amargo, pero se pasa tarde o temprano. Siempre quise darle un final a todos esos sentimientos y sabía que lo haría en un capítulo de mi blog, porque aquí había nacido parte de esos recuerdos y en este espacio debía morir. Lo que quedó de esa rela

Monólogo entre mujeres

-En serio Mawa, yo no reviso teléfono. -¡Y te creí! -¡De verdad chama! No es necesario, yo solo veo a los ojos y noto la infidelidad al instante. -¡Arrecha! -Mawa, tú porque no tienes experiencia, pero los hombres son brutos para ocultar una vaina así, se les nota. -Tienes razón en eso, las mujeres somos más astutas para los cachos y para descubrir una infidelidad, tenemos como dicen por allí un Bluetooth, agarramos todo en el aire. -En resumen, somos cuaimas. -Odio esa palabra, cuaima. -Pero es lo que somos nena, o me vas a decir que tú no lo eres... -Soy celosa, pero no sé si llego a tanto. -¿Revisas teléfono? -Ufff; soy experta y si tienen claves o patrones de líneas los desbloqueo fácil. -¿Y dices que no eres cuaima? -En mi defensa, lo hago cuando huelo algo raro. -¿Y cómo haces cuando eres tú la que montas cachos? -¿Para esconderlo? -Claro Mawa. -Lo típico. Bloqueo mi teléfono, cambio la clave cada dos días, lo dejo en silencio, mensaje recibido mensaje borrado y

La mesera y otros cuentos de camino

El restaurante es una belleza, inmerso en un bosque con olor a playa y al final un mirador con vista al mar inmenso. Estoy con dos de mis mejores amigas y la conversación la paso con varias cervezas, estaba feliz, tan feliz que la mesera llamó mi atención.  -¿Cómo es que se llama? -Michelle.  -¿Es gay verdad?  -Por supuesto Mawa.  -Ummm -¿Te gusta la mesera?  -Sí -¡Ay Mawa por favor! ¿Dónde dejaste los gustos?  La verdad es que Michelle no me gustaba, pero estaba tan contenta y un poco animada por el alcohol, que la llamé con cualquier excusa.  -¿Todo bien por acá? -Sí, Michelle todo bien, muy rica la comida.  -Tenemos varios postres si desean... -Michelle, yo siempre le he querido decir esto a una mesera...¿A qué hora sales? Mis amigas hundieron la cabeza en el plato, Michelle tartamudeó hasta decirme su horario de lunes a domingo. No le presté la mínima atención porque me concentraba en verla fijamente, hasta que terminó de hablar.  -...Y ese es el hor