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Mostrando entradas de septiembre, 2014

Las suegras (I)

Nadie está preparado para las catástrofes, podemos aprender la teoría pero jamás será igual a la práctica. Nada se compara con estar en la zona de guerra, tomar el fusil y conocer a la suegra. No hay momento más paralizante y terrorífico que ese, yo preferiría una tortura china, una huelga de hambre, tirarme al mar infectado de tiburones, que ver esa mirada de escrutinio, de asco mal disimulado, de preguntas inquietantes sobre tu pasado, presente y futuro, esa mirada de reconocer a la persona con la que tu hija se pierde en las noches. Prefiero caminar sobre brasas ardientes mientras bailo una bachata. Pero es inevitable, en algún momento llegará ese famoso día, si ustedes creen que es difícil, imaginen algo más, eres gay y vas a presentar a tu pareja como un amigo más, en mi caso una amiga. Primero, los papás están vacunados contra las mentiras y conocen el mínimo gesto que haces, huelen el miedo desde el momento que dices, mira mamá está es... Lo saben, lo presienten, pasaron e

Club de testosteronas

No puedo mirarla a la cara, es imposible. -Son nuevas. Me dice un amigo al oído. -Lo noto. -¿Cómo cuanto calculas que son? -Unos 500 cc. -¿Te das cuenta que no tiene sostén? -Ujum...También lo noté. ¿Cómo eran antes? -Aquello daba lástima Mawa. -¡Qué maravilla la cirugía plástica! -¿Ya te pidió que se las tocaras? -¡Apenas la conozco! -No importa Mawa, esa está tan entusiasmada que quiere que todo el mundo las toque. Yo lo hice. Le regalo una mirada de sorpresa. -¿Y? -Duras. -Nunca he tocado unas tetas de silicona. -Tranquila que ella te lo va a pedir. -¡Estás loco! Es la primera vez que la veo. La chica estaba celebrando con amigos y yo -la única desconocida para ella- su recién firmado divorcio. Tenía esa mezcla de fingida alegría con despecho de una mujer que se montó las tetas falsas para atrapar a un marido, se cortó y pintó el cabello para llamar su atención, dejó de salir porque el tipo era un celópata. Hizo lo que pudo y más, ¿para qué? Para que su esposo l

El accidente (y II)

Tengo el pantalón, la blusa y las manos llena de grasa, mientras mis dos amigas están sentadas al borde de la acera comiendo unas papas. Uso una llave en cruz para sacar los tornillos del caucho, como no tengo fuerzas en las manos trato de sacarlos saltando sobre la llave, mientras pienso en mi triste realidad. -¿Por-qué nun-ca a-pren-dí a cam-biar un c-a-u-c-h-o? ¿POR QUE? -Mawa, llama a Gabriel otra vez. -Olvídate de Gabriel. -¡Ay chama no van a violar! -Parece que quieres que nos violen. -¿Tú sabes lo peligroso que está el país? ¡Son las tres de la mañana! -Coño, pero dejen de nombrar que nos van a violar. Piensen en positivo. Silencio, sigo golpeando la llave hasta darme cuenta de algo. -¡Ahora si estamos jodidas! -¿Qué pasó? -Estoy ajustando los tornillos en vez de sacarlos. -¡Ay no, no, no! Necesitamos un hombre. Mi otra amiga dejó de comer y saltó con furia. -Voy a buscar a alguien que nos auxilie. -¿Estás loca? Tienes una minifalda, así si te van a violar. -No

El accidente

Este cuento va por la mitad de esta manera: son las tres de la mañana, estoy en una calle oscura cambiando un caucho y a mi lado están dos amigas -Nos van a violar. -Voy a apurarme, pero confieso que nunca he cambiado un caucho. -Nos van a violar Mawa. Y la otra se mete. -Nos van a matar. -No, nos van a violar. -No marica, nos matan a esta hora, nos matan. -¡Ay Dios Mío! Nos van a violar y a matar. -¡Coño se pueden callar las dos? Tengan valor, sean mujeres grandes y ayuden a sacar el caucho de respuesto. Silencio. Las dos se echan a llorar. -Vamos a llamar a Gabriel, él es el único quien nos puede auxiliar a esta hora. El cuento comenzó así: nueve horas antes del accidente, dejo todo limpio en la casa y me acerco a mi mamá. -Mamá, ¿Te cortaste el cabello? -Hace una semana atrás. -Te queda lindo...¿Me puedes prestar el carro? -No. -Mamá por favor, es una reunión importante vamos a despedir a unos amigos que se van a Canadá. -¿Qué amigos? -No los conoces. -Te llevo.