martes, 8 de mayo de 2018

El dilema

Perder un amigo o desperdiciar una excitante oportunidad.
Llevo rato saboreando un café pensando en estas dos tormentosas posibilidades, mientras ella habla pero yo mantengo sus palabras en mudo para sortear sin molestias la opción A o B.
El mundo está plagado de grandes decisiones que han cambiado el curso de la historia: el ascenso de Hitler al poder, la llegada del hombre a la luna, la separación de los Beatles, el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Japón, la caída del muro de Berlín, y aquí estoy yo, una simple mortal de este planeta, una más entre los siete mil millones de habitantes, pensando si me acuesto con la esposa de mi mejor amigo o no.
Este buen amigo se mudó hace seis meses a Buenos Aires huyendo de la crisis del país, con la promesa de reunir suficiente dinero para alquilar algo cómodo y mandar el boleto de avión para su esposa, pero antes me dejó una tarea.
-¡Cuídala mucho Mawa! Yo confío en ti.
¡No! No puedo acostarme con la pareja de mi amigo, sería una absoluta traición, una bajeza tan grande que me impediría ver a la cara una vez más a mi amigo, un engaño que borraría quince años de amistad muy bien llevados y sin fisuras.
Por mucho tiempo cumplí con la misión que me dejó.
Acompañé a su esposa en las noches de llanto eterno por su partida, salimos a ver películas, escuché sus rabietas llenas de inseguridades cuando él no contestaba el teléfono, cocinamos juntas, bebimos un par de copas llena de confesiones como esta.
-Mawa, necesito tener sexo.
-¿Cuánto tiempo tienes sin sexo?
-Desde ese día que Javier se fue. ¿Cinco meses?
-Yo tengo un año, así que no te quejes.
-Pero para ustedes es más fácil soportar.
-No entiendo, ¿para ustedes quiénes?
-Ustedes...las...lesbianas.
-¿Qué te hace llegar a esa absurda conclusión?
-Porque...no sé...ustedes son...más sencillas...son más de más esto de... O sea...yo creo...Mejor me callo, siento que la voy a cagar si sigo hablando.
-Calladita te ves más bonita.
No era necesario que la mujer de mi amigo se callara para estar más bonita.
Ella es un mujerón de un metro ochenta, con grandes ojos café, cabellos largos y castaños, una piel que, sonará a cliché, pero que parece terciopelo y lo mejor de todo, cuerpo esculpido por sus maratónicos entrenamientos en su grupo de ballet de danza contemporánea.
Fue en una de sus presentaciones, en un solo que ella bailó con una absoluta libertad sexual sin dejar de buscarme entre el público, que me fijé en cuánto disfrutaba estar a su lado, en lo necesaria que se estaba convirtiendo su compañía y en que debía huir y escapar de esa situación.
Esa noche caminamos hasta su casa y mientras pide el ascensor me pregunta si quiero subir.
Dudo un segundo, respondo que no.
-Disculpa por lo del otro día.
-¿Qué otro día?
-Cuando dije que para ustedes era más fácil lo de estar sin sexo.
-¡Ay por favor! Ni me acordaba de eso.
Hace una pausa, me fulmina con una mirada intensa.
-Me imagino que a ti te entran ganas...
-Como a todo el mundo...
-¿Ahora tienes ganas?
Por otra parte mi amigo no se tiene porque enterar.
Ella no le va a decir, sin duda alguna, yo no le voy a decir, por supuesto.
Lo más seguro es que yo nunca viaje a la Argentina, así que si se entera no le voy a ver la cara.
Problema resuelto, no hay que darle más vueltas, somos dos adultas, estamos solas en esta ciudad hostil, ella se va a ir en cualquier momento y esto pasa y luego como si nada.
O quizás esta sensación de que ella está sugiriendo algo es parte de mi perversa imaginación lésbica, a lo mejor en mi mente retorcida y mal pensada yo estoy creyendo que ella quiere decir una cosa, cuando en verdad dice otra.
Me ha pasado otras veces, puedo distorsionar la realidad para complacer mis más bajos instintos.
Llega el ascensor.
Yo digo, ¿digo?
-No sé.
-¿Subimos y lo averiguamos?
Entro en un proceso de congelación, creo que ni pestañeo, estoy plantada como un árbol en medio de la nada, mientras ella sostiene el ascensor para que no cierre.
Mi cara debía ser un poema, pero no de Neruda, sino uno de terror.
¿Existen poemas de terror? Debo buscar en Google.
-¡Es una broma Mawa!
-Jajajaja. Me lo imaginaba.
-¿Nos vemos en la mañana?
-¿Qué hay mañana?
-Necesito comprar lo que me falta para el viaje.
-¿El viaje?
-¡Sí! Creo que te dije que Javier me compró el pasaje y me voy en una semana.
-Cierto. Vengo mañana.
Ahora, sentada frente a ella, saboreando un café, pienso si debo perder un amigo o desperdiciar una excitante oportunidad.
Termino el café y le quito el mudo a sus palabras.
-Y....como te dije, disculpa por lo de anoche...
-Chama, ¡tú si te disculpas!
-No quiero que pienses mal de mí Mawa.
-No pienso mal de ti.
-Soy una tonta, pero estoy nerviosa por el viaje, por dejar Venezuela. Quiero llorar, necesito un abrazo.
Me acerco a ella y le doy un abrazo que me interna en su olor matutino, ella me respira lento en el cuello.
-Gracias por acompañarme.
-De nada. Te voy a extrañar.
Nos soltamos y ella me regala una de sus miradas fulminantes.
-¿Puedo preguntarte algo?
-Por supuesto.
-Me da pena...
-¡A vaina!
-¿Tenías ganas anoche?
-Sí.
-¿Por qué no subiste?
Suspiro.
-Por Javier, quizás.
-¿Por qué es mi pareja?
-No, porque es mi mejor amigo. Ahí está la diferencia.
Salí de ese apartamento con un sentimiento de fracaso, con el ánimo por el piso y con la extraña sensación de haber perdido unas batallas, pero conquistado la guerra.
Mi guerra interior.





lunes, 7 de mayo de 2018

Cerveza y confesiones (y II)

Esta será la última vez.
Sé que siempre lo digo y en la cita anterior prometí que sería la última, pero de verdad Mawa, esta será la última vez.
-Disculpa la tardanza, el baño estaba ocupado ¿En dónde quedamos?
-Quedamos en tu divorcio.
-No, no Mawarí. No hagas trampa. Quedamos en tomarnos esas copas de vino en mi casa.
Miro el brillo en sus ojos y sonrío.
Tengo frente a mí un inmenso error, error que alimenté con simples mentiras y algunas verdades a medias hasta llegar a este callejón con terminación en doble vía: una de ellas indica la entrada y otra la salida.
Tomar la puerta de salida implica que eche para atrás todo este parapeto de mujer dominante, soltera sin condiciones y heterosexual convencida que construí en tres horas de labia intensa y diez vasos de cerveza.
Pasar la puerta de entrada es demostrarle a este hombre, para más señas, un antiguo novio recién divorciado, padre de una niña de ocho años, vegetariano, ferviente integrante de la Asociación Internacional para la Conciencia de Krishna, y admirador devoto de Rubén Blades; es demostrarle a él que sí soy esa soltera sin condiciones, mujer liberal y liberada y por supuesto, una convencidísima heterosexual.
Para cualquier persona el camino a tomar sería muy sencillo, pero no para mí.
Según las malas, afiladas y precisas lenguas de mis mejores amigos, el alcohol ejerce en mí un efecto inverso a la historia que cuenta el grupo colombiano Los embajadores vallenatos en la canción "Se le moja la canoa".
Esta referencia puede parecer una tontería pero es importante.
En la canción hablan de un hombre que tiene un tronco e bigote, con saco y corbata, un tipo serio que no puede tomarse unos tragos porque se sienta en las piernas a sus amigos.
En mi caso, el alcohol genera un efecto contrario, yo bebo y no me siento en las piernas de mis amigas, sino que empiezo a coquetear con los hombres cercanos, a emitir señales de interés, a mostrar una luz verde para que ellos me inviten, por ejemplo, a tomar unas copas de vino en su casa.
Di muchas vueltas para explicar el fenómeno, mis amigos lo resumen mejor con una frase: "se te seca la canoa".
Ahora si, una explicación más seria.
Nací en medio de una familia profundamente machista para quienes los homosexuales son merecedores de burlas y etiquetas, una raza extraña, unos pervertidos que deberían vivir en guetos apartados de la gente normal.
Nunca me he confesado abiertamente con ellos, mi mamá lo sabe pero no lo acepta y el tema es un tabú milenario que no se toca ni por equivocación.
Con estas referencias debo confesar que muy en el fondo yo siempre aspiro a estar con un hombre que me guste y complacer a mi familia. 
Por eso siempre termino en alguna cita fallida con un aspirante a novio, con un ex, en una cita a ciegas y en todos los casos me digo en un susurro, "esta será la última vez. Sé que siempre lo digo y en la cita anterior prometí que sería la última, pero de verdad Mawa, esta será la última vez".
Acepto el vino.
Su anexo está clavado en una colina con vista privilegiada de la ciudad, un espacio de una sola pieza con una cocina pequeña pero funcional, un par de puffs de cuero negro, un televisor pantalla plana conectado a una cónsola de Nintendo 64 y en las paredes, cuadros con símbolos del hinduismo.
Pero la protagonista de la casa es una cama extra grande cubierta con sábanas negras y cojines de colores chillones.
Trago grueso.
-¿Quieres vino blanco, tinto, rosado?
-Espera un momento. ¿En verdad tienes todos esos vinos? ¿Te gusta tanto el vino? ¿O es que siempre esperas visita?
-Me gusta el vino. Eso sonó como celos, ¿eres celosa?
-Curiosa.
-¿Entonces?
-Rosado.
-¿Quieres fumar?
-Todavía no, gracias.
-Si quieres fumar esto...
-¡Ah! No gracias, ya no fumo eso, me atonta mucho.
-¿Te molesta si yo fumo?
-No, para nada.
Comienzo a moverme nerviosa en los veinte o treinta metros cuadrados del anexo, alejándome lo más posible de la cama, me acerco al televisor y miro los videojuegos, buscando la manera de distraer la situación.
-¡Qué chévere! Tienes Mario Kart. Soy una experta en este juego, te puedo dar una paliza. Si quieres jugamos más tarde.
Alzo la vista y noto que viene hacia mí como Pedro Navaja, con ese tumbao que tienen los guapos al caminar, aunque en este caso yo sé donde él lleva el puñal.
Lo pienso y me echo a reír.
Me acerca la copa.
-¿Qué te da risa?
-Nada.
-Dime
-Nada, nada.
-No me dejes así.
-En serio, nada. Te dije que si quieres jugamos Mario Kart.
-Tengo en mente otro tipo de juegos.
Se acerca hasta quedar a centímetros de mi cuerpo.
-¿Puedo?
-¿Qué?
-Darte un beso.
Mi cuerpo se tensa instintivamente, me aferro a la copa de vino, trago grueso por décima quinta vez desde que llegué a este sitio, los latidos del corazón me retumban en los oídos, creo que me repite lo del beso pero estoy parcialmente sorda.
Me humedezco los labios porque siento toda la garganta seca y él toma la acción como un si y me planta un beso con lengua, con su aliento a yerba, a vino, a cerveza, mientras su barba raspa mis mejillas y mi mentón.
Sus labios bajan hasta mi cuello.
No siento nada.
Miento, estoy incómoda.
Doy un paso atrás para huir de forma muy sutil y luego otro hasta que me detiene la cama.
La presa ha caído en la trampa.
Él toma mi copa y la coloca junta a la suya en el piso, lo que deja sus dos manos liberadas que no pierden tiempo en atrapar mi cara para darme un beso más profundo.
Debo reconocer que no besa mal, pero tomo conciencia que el peso de su cuerpo nos empuja hasta caer en la cama y él aprovecha la próxima intimidad para multiplicar sus dedos y tocarme todo.
Mientras mi cuerpo está atrapado entre sus caricias mi mente trabaja a mil por segundos: ¿Qué hago Krishna ilumíname!
-¿Tienes condones?
-¿Qué?
-Que si tienes condones...
-Sí, sí...
Mierda,
mierda,
mierda,
-¿Dónde los tienes?
-¿Qué?
-¿Puedes buscarlos?
-¿Ahora Mawarí?
-¡Claro! ¡Ahora es el momento!
Se levanta como un resorte y empieza a revolver una gaveta, veo que se desespera. Busca debajo de la cama, da vueltas, se rasca la cabeza.
-Pensé que tenía unos...¿Tú no tienes?
-¿Yo? ¡No! Los dejé en la casa.
(Mentira, nunca he comprado un condón en mi vida)
-¿Qué hacemos? ¿No podemos sin condón?
-¡Jamás lo hago sin condón!
(Esto es parcialmente verdad)
Se sienta en la cama, derrotado y por un momento me provoca un poco de lástima, y rabia conmigo, por dejar que llegara esta situación hasta este límite.
Empiezo a hablar para decirle la verdad, para decirle eso de que la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, pero él me interrumpe.
-¿Me haces sexo oral?
-¡Ni loca!
-¿Entonces que hacemos?
-Podemos jugar Mario Kart.







domingo, 22 de abril de 2018

Jefe es jefe y el que no sabe...ya les cuento

Ella me abrió el cierre de la blusa de un solo tirón, con una experiencia que me dejó sorprendida, perturbada, y semidesnuda en la cocina de la oficina.
La miré un momento sin decir palabras. Boca abierta a medio camino entre el insulto y la risa.
Bajé la cabeza para verificar, no sé qué cosa. Al menos, pensé, tengo mi sostén negro favorito.
Unos minutos antes, ella me había seguido hasta la cocina para señalarme con malicia mi pronunciado escote.
Ante su insistencia me paré frente a ella, sacando pecho, orgullosa de mis grandes senos naturales, con esa actitud malandra que adopto cuando siento que otros pertuban mis decisiones.
A ella, mis senos le molestaban.
O la excitaban, no sé.
Ella era mi jefa.
Así que allí estaba yo, sin blusa, en la cocina de mi trabajo, fuera del horario laboral, sola, frente a mi jefa quien llega y me dice:
-¡Así está mejor!
En segundos se abre un debate en mi cabeza: ¿Esto cuenta como acoso laboral? ¿Y si me gusta podemos seguir llamándolo así?
¡Yo lo sabía! ¡Sabía que mi jefa era lesbiana! ¡O bisexual da igual! No puedo esperar el momento de contarle a mi compañera de trabajo y cobrar mi apuesta, porque ella me insistía que no, que si estaba casada, con hijos, pero...mi radar no falla...casi.
-¿No está mejor así?
Su pregunta me sumerge en recuerdos de antiguos jefes que no llegaron a tanto, pero que dejaron una huella para bien o para mal.
El primero, un árabe explotador que nos encerraba más de doce horas diarias, de lunes a sábado, hasta tanto no termináramos la edición de sus programas para la televisión, hasta llegar a un jefe adicto al Prozac, al Paxil, al Zoloft, o a cualquier pastilla que remediara la depresión que lo carcomía por dentro.
Los antidrepresivos lo sumían en un letargo sospechoso de hombre feliz, amante de la naturaleza, padre orgulloso, ejemplar esposo y un jefe comedido, pero al ligar todo este coctel de pepas con alcohol, las bombas de Hiroshima y Nagazaki quedaban en pañales.
Teníamos prohibido comprarle alcohol, así nos amenazara con un despido, pero en ese tiempo mi relación con las bebidas alcohólicas no pasaba por su mejor momento, y ante su tímida insistencia salía en las noches de guardia a comprar botellas de vino chileno, cabernet sauvignon, para beber juntos.
A la primera copa de vino se materializaba ante mis ojos el caso del doctor Jeckyll y el señor Hyde.
En medio de un frío sudor comentaba las ganas de irse detrás de su joven amante, previo a esto matar a su esposa y esconder el cuerpo.
Confesaba sueños, gritaba sus frustaciones, anunciaba despidos, trataba de acostarse conmigo.
-¿Por qué no te gustan los hombres?
-¡Voy a cobrar cada vez que responda eso! ¡Sería millonaria!
 Me pertubaba otro jefe obsesionado con las dietas y su sal rosada del Himalaya, me enamoré de una chica que me contrató por poco tiempo para editar videos de bodas, de quien llegué a sospechar un ligero comportamiento de zoofilia con su perro.
Mea culpa.
He saltado miles de veces la línea profesional que existe entre un empleador y su empleado, pero nunca, ninguno de ellos me había encerrado en la cocina de la oficina y me había desnudado.
-¿No está mejor así?
Estaba desarmada, arrinconada entre el qué hacer y cómo hacerlo.
Ella no me gustaba, pero en ese tiempo quería probar toda clase de mujeres que se me atravesaran en el camino. Era terriblemente básica, llena de testosterona (si es que esto era posible), y simplemente la palabra NO, estaba ausente en mi vocabulario.
Di un paso adelante, tomé su mano derecha, la abrí, y la coloqué en uno de mis senos.
Sus dedos eran solo latidos, calientes, una palma de húmedo nerviosismo.
Y cuando iba a dar un paso más, ella apartó la mano como si le hubiese pegado un corrientazo.
Sentí con toda intensidad sus miedos, sus dudas y en especial su remordimiento.
Sus ojos eran un libro abierto y me vi reflejada en todo ese torbellino de sentimientos que mi jefa sufría solamente al contacto con mi seno.
Le gustaban las mujeres, de eso no cabía duda, como tampoco dejaba lugar a dudas su lucha para suprimir algo que consideraba un pecado.
En ese momento me llené de una absoluta compasión por ella.
-¿Y qué pasó después?
-Salió de la cocina sin decir nada.
-¡Wow!
-Sin decir nada...
-¿Cómo se te ocurre agarrar la mano de la jefa y colocarla en tu teta?
-¡Ella comenzó chama!
-¡Eso no hace la gente normal Mawa! La gente normal, no sé, demanda por acoso sexual.
-¡Ella empezó!
-¿Y por eso fue que te botaron?
-....¡Me imagino!
-¡WOW!
-Por cierto, págame. ¡Gané la apuesta!














sábado, 28 de octubre de 2017

Cerveza y confesiones (I)

-Querida, ¿Cuál es tu problema?
-Ninguno ¿por qué?
-Estás fumando más que una puta presa, con el perdón de las putas. Bebes como si fueras Amy Whitehouse días antes de morir y te hablo, te hablo y te hablo y como siempre me ignoras pero al menos antes disimulabas.
-Disculpa amigo, ¿qué me decías?
-Te hablaba de mi marido.
-¡Claro! De Héctor.
-Mawa, Héctor y yo terminamos hace N-U-E-V-E semanas.
-¡Verdad! Hablas de este chico, el albañil, este que, me perdonas mi amor pero tiene una pinta de malandro. ¡El maricolandro! Jajajaja.
-Ese es José y fue mi eterno amor de una noche. No me lo recuerdes que todavía me duele.
-¿Y la puta soy yo? ¡Qué fuerte!
-Anyway, ¡Not problem! I don´t want to talk to you. ¡Stop!
-Tu inglés me cautiva Shakira.
-¡Cuan cruel eres conmigo! ¿Qué te he hecho yo para merecer esto?
-No te pongas Corín Tellado que sabes muy bien que por mucho que nuestros comentarios sean homofóbicos, insensibles y crueles son parte de nuestro arte para burlarnos de nosotros mismos, y crear una coraza para que nadie más nos haga daño. Yo no soy así con nadie más excepto contigo, aunque debería serlo porque mientras más edad tengo más tonta, estúpida y llorona me pongo. Y disculpa que llore, estoy sensible...
-Darling, querida. No te pongas así...Ya llamo al mesonero para que quite los cuchillos porque estás a punto de cortarte las venas.
-¡Si eres tonto!
-¿Cómo se llama?
-¿Quién?
-¿Cómo que quién? Los últimos días lloras por dos cosas, cuando cobras la quincena o por alguna mujer. Como ya pasó el día de pago imagino que es la última razón.
-No me llamó el día de mi cumpleaños.
-¿Quién?
-Tú sabes quién.
-¡Madonna y Lady Gaga Santísima! Mi vida no estás ya en el 2012, esa relación pasó, esa mujer está con otra persona. Seguramente el día de tu cumpleaños estaba tirando con la otra y no se acordó y después no le importó llamarte, olvídate de ella que ella ya lo hizo. ¿Hasta cuando vas a seguir pensando que existe un futuro entre ustedes? ¿O que le importas?
-¡Te pasaste!
-....
-...
-Tienes razón Mawa. Lo siento. A pesar de lo pesado que puedo ser no me gusta verte llorar, o que te hagan daño, o que tú misma te hagas daño.
-¡Estos putos recuerdos!
-Bye, bye memories...
-Amigo, de verdad. Te voy a pagar unos cursitos online en inglés, no lo sigas intentando.
-¡Al menos te hice reír!
-¡Gafo!
-Para alegrarte más el momento te voy a comentar algo pero acércate para que nadie más escuche. Al lado de nosotras está una chica que no te quita la vista de encima. Te está devorando con la mirada, tiene cara de querer comerte completa con todo y ropa.
-¿Quién?
-La de franela roja.
-¿Eso no es un hombre?
-No niña...creo. ¡No! Es una mujer, fíjate que apenas se le notan los senos.
-Hay hombres que tienen senos.
-¡Es una mujer Mawa! Y te desea.
-Parece un hombre...
-¿Qué tienes contra los hombres darling?
-No tengo nada contra los hombres. Pero si una mujer se parece a un hombre o actúa como uno, ¡No me gustan! Porque soy lesbiana y me gustan las mujeres, no las mujeres que se parecen y actúan como un tipo. ¡Para eso estoy con un tipo!
-¡Qué homofóbica eres!
-¿A ti te gustan los hombres afeminados? ¿Esos que se sacan las cejas? ¿Los que actúan como una mujer? ¿Estarías con uno así?
-¡Dios me ampare! Sería como estar con mi hermana.
-¿Te das cuenta?
-Pero en las mujeres es diferente.
-No, no es diferente.
-¿No le darías ni una oportunidad?
-¡No! Me gustan las mujeres, no las camiones 350.
-Pero tú femenina, femenina, no eres. ¡No me escupas en la cara!
-Quizás no me ponga uñas acrílicas o tenga maquillaje hasta para dormir pero tampoco uso gorra, pantalones de hombres, botas puro coleo y no me agarro entre las piernas como si tuviera algo allí.
-Y yo que quería llevarte mañana a una disco gay pero van puras mujeres así...
-Gracias, pero no. Además mañana tengo una cita.
-¡MÁ-TA-ME! ¿Con quién?
-Un ex novio que me consiguió por Facebook y quedé con él para tomar algo.
-¿Un hombre? ¿Ex novio?
-Sí.
-No lo puedo creer. No te imagino con un hombre.
-Yo tampoco, pero fue hace como 20 años y le dije que iba a verlo.
-Ese te quiere coger.
-¡Ay por favor!
-¿Cómo vas a hacer?
-Solo vamos a hablar.
-¿Sabe que eres?
-No.
-¿Le vas a decir?
-Si me pregunta.
-Ese te quiere coger.
-Lo paro en seco y si me pregunta le digo, aunque me fastidiaría el típico interrogatorio.
-Déjame adivinar...
-¿En qué momento te diste cuenta que te gustaban las mujeres? ¡Pero si no pareces! ¿Eres el hombre o la mujer en la relación?. Pero si nunca has estado con un tipo ¿cómo sabes que no te gusta? ¿Qué hacen dos mujeres juntas? Y bla, bla, bla...
-Menos mal que estás preparada...
-¿Algún consejo amigo para mi cita de mañana?
-Lleva condones.
-Te estoy pidiendo un consejo en serio.
-Y lubricante.
-¡Todo es una broma para ti!
-Te va a doler.
-¡Idiota! Solo es un ex novio que quiere tomar un café.
-Los hombres solo quieren sexo. Te lo digo por experiencia.
-¡Solo quiere un café!
-Mawa, la tipa de rojo se acerca a la mesa.
-¡Chamo! La cuenta por favor...












jueves, 26 de octubre de 2017

Delirio

-¿Qué llevas puesto?
Un susurro que se transforma en gemido.
Su mano izquierda explora con lenta timidez dentro de mi pantalón, atrapando con su dedo índice y pulgar la mínima liga de mi hilo.
Muerde y humedece mi labio inferior impidiendo cualquier respuesta.
Repite la pregunta apretando sus labios contra los míos.
-Llevo un pica queso.
Abre completamente los ojos.
-¿Qué?
Me echo a reír.
-Es que el hilo es tan fino que se parece a lo que usan los queseros en Upata, que en vez de usar cuchillos, pican el queso con...
-Ya se Mawa, pero...¡Olvídalo!
Da una vuelta y se sienta encima de mí.
De un rápido movimiento, se quita la liga que ata su cabello y este cae como una cascada erótica sobre su piel desnuda. A contraluz, su silueta es tan sutil como un poema de Neruda,
Comba del vientre, escondida/ y abierta como una fruta/ o una herida/ Dulce rodilla desnuda/ apretada en mis rodillas/ dulce rodilla desnuda/ Enredadera de pelo/ entre la oferta redonda/ de los senos / Huella que dura en el lecho/ huella dormida en el alma/ palabras locas.
Sin luz, mis manos deseosas buscan en la curvatura de su cadera ese lunar triangular que tanto he querido besar.
Ella aparta la búsqueda con un manotazo.
Mete sus dos manos ardientes por debajo de mi camisa.
Río otra vez.
-¿Qué pasa?
-Me haces cosquillas.
-Ok, ya sé que no te puedo tocar.
-Sí, por favor tócame, solo que no por los costados.
Coloca mis dos brazos por encima de mi cabeza.
Me siento frágil, partida, inocente, llena de un terror inmenso que me grita una y otra vez que me estoy enamorando mientras ella pega su pecho desnudo a mi cuerpo, mientras su boca busca mi cuello para dejar plantada una mina de pequeños besos para luego desactivarla con grandes lamidas.
Mi espalda se encorva, mi mente se pierde, ella muerde sin fuerza mi mentón, se acerca a mi oído, deja caer un par de palabras sin sentido y empieza a moverse con exquisita experiencia.
Delirio.
Escucho un ruido, o creo escuchar algo.
-¿Tu novio a que hora llega?
Ella se paraliza, siento como su cuerpo se eriza como una gata a punto de saltar con las garras preparadas.
Mira con furia.
-¿QUÉ COÑO TE PASA MAWA?
-Nada, es que...
-Desde que empezamos andas con una mierda que no entiendo, que si pica queso, que si te dan cosquillas, ¡y ahora me recuerdas a mi novio? ¿No quieres hacerlo?
-¡Claro que quiero!
-No parece...
-Es que escuché un ruido abajo y pensé que él había llegado.
-¿Y crees que este es el mejor momento para recordar a mi novio?
No.
No es el mejor momento para recordar a su novio, no es el mejor momento para un ataque de celos, no es la mejor hora para decir que estoy perdidamente enamorada de ella, o que en este preciso minuto tengo un arranque de pudor femenino y no quiero que esto se convierta solo en un polvo de mediodía, aprovechando la hora de almuerzo del trabajo.
Me siento como su experimento para cubrir esas aburridas horas, para darle un respiro a su monótona relación heterosexual y lucho con todas mis armas para que me importe poco la situación y aprovechar este revolcón, este tire, este como sea que se llame menos hacer el amor y comportarme como un hombre.
Pero no puedo.
Con ella no puedo.
Su malvada insistencia, su constante búsqueda sin temor, su expresiva sonrisa, sus chistes tontos, sus ojos tan llenos de miel, su amor por Neruda, su terrible gusto musical, nuestras diferencias, nuestras ridículas coincidencias, su estúpido lunar que una vez observé sin querer, su eterna voz de madrugada.
Con ella no puedo.
Pero un día, cuando ya estaba atrapada en esta telaraña quise saber lo que pensaba de un hipotético futuro juntas.
Aproveché su borrachera.
-¿Tú estarías con una mujer?
Sacó la lengua traviesa.
-¿Qué crees?
-Lo que quiero decir es que si estarías con una mujer con todo incluido, construir una vida con una mujer con un perrito, con una casa, una relación estable.
Midió sus palabras, pero disparó sin piedad.
-¡No! No puedo hacerle eso a mis padres. No me veo haciendo una vida con una mujer.
Quise llorar, chillar, escapar pero estaba enredada en una telaraña.
Hasta que llegamos a este mediodía y ella me mira con furia.
-¿Y crees que este es el mejor momento para recordar a mi novio?
-No, no es el mejor momento.
-Entonces ¿qué te pasa? ¿qué escuchaste?
-Nada, solo son...delirios.











viernes, 22 de septiembre de 2017

Mi cruz y mi calvario

Era inaceptable publicar la frase completa que retumbó en mis oidos como una ametralladora.
Si desean lo podemos llamar autocensura pero cuando mi amigo me la dijo, así como es él, descarado, con su amaneramiento incriminatorio, sin una pizca de brutal ironía y sin pensar en las posibles consecuencias que podría empañar nuestra díscola amistad, mi mente envió un mensaje directo a la punta de mi lengua pero la amarré con un mordisco.
-¡Este si es coño e madre!
Ese día no pude dormir por estar acorralando en mi mente esa frase punzante que pinchaba una y otra vez, pero cometí un error de principiante rencor porque no analizaba el trasfondo de sus palabras, al contrario, carcomía las horas buscando una esteril venganza plagada de epítetos que rozaran la grosería pero sin mancillar.
Quitarme los guantes y con elegancia pegar dos cachetadas estilo renacentista. ¡No me iba a rebajar a su vulgar léxico! Con ese pusilánime, tiromato, ese estólido, ese insulso, ese copófrago...¡Coño ese marico!
Me detuve un instante al sentir la intensidad del último insulto, no era necesario caer en este ingrato canibalismo homofóbico.
A las 3:00 de la mañana me levanté a montar un café y fumar un cigarro, porque no hay mejor manera de espantar los malos pensamientos que sumergirse en los habituales vicios.
¿Por qué seguía a esa hora alimentado la desazón que produjo su sentencia? En lo más profundo sabía el por qué, aunque entretenía la verdad buscando el qué, quién, el cómo, cuándo y el dónde.
Si lo que mi amigo me dio a entender tenía relación con mi oficio de periodista, lo menos que debía hacer era autopreguntarme esa simple fórmula que compone una noticia, pero el ser humano es completamente inutil y poco objetivo cuando le toca hablar de sí mismo.
¿Qué dijo mi amigo? Me lanzó una primicia personal, le dio un tubazo a mi propia vida que me estalló en la cara sin necesidad de confirmar alguna fuente, "Mawa, lo que pasa es que cualquiera que sepa conectar bien un sujeto, un verbo y un predicado, tú inmediatamente le abres las piernas".
Después de muchas horas de insomnio, de inventarme cualquier cantidad de dolorosa verborrea linguística, de sentirme mínima y poca cosa, llegué a una conclusión en medio de un estallido de risa madrugadora.
-¡Este coño e madre cómo me conoce!
Él, es uno de mis amigos que todavía me recuerda con inmeso y obstinado placer, aquella vez cuando salí con una periodista especialista en crónicas policiales con exquisita ortografía y un diplomado en metáforas.
Ese cuento empezó con un amor a primera vista a las páginas de un periódico rival y terminó de la peor manera posible: de tanto escribir sobre muertos, asesinatos y ahogados, me convertí de un plumazo en la víctima perfecta de su escena del crimen.
Han pasado más de seis años de ese atroz suceso y mis amigos siguen sacando en cada una de las reuniones los mismos chistes sobre ese hecho, con las repetitivas dos preguntas.
-Mawa, pero ¿qué te pasó? ¿En qué pensabas?
-¡Ay no sé, escribía bien!
Ese ay no sé escribía bien ha sido mi cruz y mi calvario.
Yo he tenido la suerte de conocer a ingenieras quienes matemáticamente poco llegan a equivocarse, a diseñadoras gráficas proyectadas a un gran futuro, a administradoras con más saldos a favor que en contra, a vendedoras con buena labia y a otras sin oficio conocido.
Pero, no puedo parar la rotativa ni me quito el periódico de la cabeza como me dijo mi amigo y siempre encuentro sin buscar, aquel tono seductor que pide libertad de expresión, aquella pose imparcial, esa verdad sin derecho a réplica, que me llama, me pide y me implora conocer si de verdad en el amor no tergiversa los hechos.
-¿Qué te parece?
-¿De verdad vas a escribir en tu blog esa cursilería de que...si en el amor...?
-...Si en verdad en el amor no tergivesa los hechos.
-Darling, ¡Darling! ¡No tienes remedio!
-Te estoy dando la razón ¡Ah! Y también hablo de ti.
-¿Mal?
-¡Eh!...No, no en general.
-¿Qué dijiste de mí? ¡Dime! Me encanta cuando hablas de mí en tu blog.
-Bueno, si quieres la verdad escribo que eres un pusilánime.
-¿Ah?
-Busca un diccionario...
-¡Ay si! ¡La intelectual!
-Es una broma, no lo digo en serio.
-Yo seré un pusieso mi amor, pero tú saliste con aquella...¡Uy no! ¡Con aquella!
-¿Vas a seguir con eso?
-¿Qué te pasoooo?
-Sabía escribir.







viernes, 15 de septiembre de 2017

Juegos de papá y mamá

-Quisiera tomarme una pastilla...
-¿Te sientes mal Mawa? ¿Qué tienes?
-¡No! Una pastilla para dejar de ser tan lesbiana, o dejar de serlo completamente.
-¡Ya vienes tú con el mismo cuento! ¡Asume tu peo!
-Mi amor, yo asumí mi peo desde sexto grado cuando todo el salón se enteró que le había escrito a la reina de la escuela que la amaba.
-¡Qué bochorno! Disculpa que me ría, ¿y qué pasó?
-La maestra trató de enderezar el entuerto lésbico, les dijo a todos que era un te amo de amigas...pero ¡No! Eso era un te amo, te amo tipo quiero jugar papá y mamá contigo.
-Y tú serías el papá por supuesto...
-Ja ja ¡Gracioso el niño!
-¿Jugaste papá y mamá con niñas?
-¡Si eres chismoso!
-Curiosidad morbosa darling
-¡Peor!
-¿Jugaste o no jugaste?
-Por supuesto que jugué...
-¿Y eras el papá verdad?
-...
-¡Tu cara lo dijo todo!
-Cero chalequeo ¿Cómo sabías que era el papá?
-Por tu cara de activa no es mi amor porque tienes una pinta de pasiva...
-No era eso. Yo era la niña que desde siempre lo supo y se supone que los hombres son los que toman las decisiones, los que mandan y todo este rollo machista implícito. Estas niñas así como yo, eramos unas inexpertas pero yo era la que más quería, así que tenía que llevar las riendas.
-¿Y entonces?
-...Entonces en este juego de roles, yo llegaba de trabajar, la mamá siempre estaba en casa atendiendo el hogar, preparando la comida, ¿te das cuenta que desde pequeñas nos meten eso en la cabeza? Por eso yo tuve mi época de feminazi en la universidad. Me rebelé contra una sociedad patriarcal, falócrata, leía sin descanso a Simone de Beauvoir, me comí todos los libros de Anais Nin que para el mundo era una gran puta y para mí era, ¡No! sigue siendo la mujer más arrecha de este planeta que se acostaba con hombres y mujeres sin remordimientos, y te hablo que eran los años 50, 60. Me metí en un grupo de teatro que se llamaba o se llama 8 de Marzo,cuando se celebra el Día Internacional de la Mujer y me empezó a llamar la atención las mujeres que no se depilaban las piernas...
-Darling párate ahí que me estoy durmiendo...No entiendo nada de la Bovier esa, ni el feminismo y mucho menos quiero detalles de tu época con mujeres peludas...No te me desvíes del tema cariño. ¿Qué le hacías a estas criaturas?
-¡No lo digas así que yo no soy ninguna pedófila! Tanto ellas como yo debíamos estar por los...¿ocho años? Más o menos esa edad.
-¡OCHO AÑOS! ¡Madonna y Lady Gaga Purísima! Y dicen que los niños de ahora son terribles...
-Eran cosas inocentes...
-Define inocente cariño...¿Se tocaban por encima del pañal? ¿Compartían el chupón?
-¡Gafo! Inocente son unos besos torpes chocando dientes y una agarradita por encima de la ropa.
-¿Y cuántas veces pasó?
-Con una en especial, varias veces.
-Es que en ese pueblo donde vivías cariño me imagino que no sabían lo que era un televisor o Disney Channel.
-A veces me pregunto por qué eres mi amigo.
-Porque te hago reír lencha
-¡No! Debe ser otra cosa...
-Y con esta amiga que jugabas ¿qué pasó con ella?
-Se casó y creo que tiene como tres hijos...
-¿Ninguno es tuyo? Jajajajaj
-¿Cómo llegamos a este tema?
-A ver, te dije que eras pasiva...No, no era eso. ¡Ah ya! La pastillita que te quieres tomar, esa que no existe...
-Exacto. Mira a tu izquierda disimuladamente.
-Ajá...
-Pero puedes voltear como un hombre y quedaría mejor...
-Ummm, ¡Vengativa! Ajá, ya estoy viendo...
-Me gusta ella...
-¿La niña que está con la pareja?
-¡No juegues con eso! Te dije algo muy serio.
-Disculpa, es que no podía dejar pasar la oportunidad. Ajá, te gusta la chica de rulos.
-Me vuelve loca.
-¿Qué tiene que ver la pastilla con ella?
-Que es hetero, que no puede ser que tenga esta pared difícil de escalar. No puedo competir con un hombre.
-¿La conoces?
-Sí, es periodista.
-¡Ay no cariño! Cancela esa rotativa, quítate el periódico de la cabeza. ¡Mawa! No puede ser que tengas debilidad por las periodistas. Mi amor, ves una periodista y te excitas como si fuera un tubazo. ¡Una gente que siempre anda pelando bolas! ¿Con cuántas periodistas has salido en tu vida?
-Perdí la cuenta...
-¿Y qué has sacado de eso? ¡Nada! Porque las periodistas son unas locas, así como tú. Una gente que solo está pendiente de una nota de prensa, de un entrevistado. No, no.
-Desde siempre la he admirado.
-Mi vida realmente contigo la gente sale barata, ni flores, ni chocolate te gustan, con tal de que conecten bien un sujeto, un verbo y un predicado ¡Te vuelves loca!
-¡Chico! Ya sé por qué eres mi amigo. ¡No me había fijado en eso! ¡Fácilmente me lees!
-Eres tan fácil de leer como un libro de Paulo Coelho.
-¡Ah! ¿Pero a Coelho si lo conoces?
-¡Como todo el mundo Mawa! Tú eres la única que lee a Boveer esa.
-¡Viene para acá!
-¡Disimula!
-¡Mawa! ¿Cómo estás? Tanto tiempo sin verte...
-¡Sí verdad! ¿Qué es de tu vida?
-Estoy escribiendo para una revista de investigación.
-Te he leído. Me parece maravilloso lo que escribes.
-¡Gracias! Me da hasta pena que me digas eso. Yo quiero leer algo tuyo, ¿dónde puedo buscarte? Me encanta como escribes...
-¡Ella tiene un blog!
-¿Ah si? No sabía ¿Cómo se llama?
-Lo tengo abandonado, no le hagas caso. Te presento a un amigo...
-Mucho gusto.
-Igualmente...
-Mawa anota mi número para tomarnos un café un día de estos, y me pasas la dirección de tu blog. Me encantaría leerlo.
-Por supuesto. Sería genial tomarnos algo.
-¿De qué trata el blog?
-Ah...ummmm...Cosas personales, tonterías sin importancia.
-Igual sería buenísimo leerlo y verte para tomarnos algo.
-Claro, te escribo...
-Un placer verte...
-Igual...
-¿Ya te calmaste? ¿Estás mojada?
-¡Eres de lo último! ¿Por qué mencionaste el blog?
-Sería divertido que lo leyera y ver su cara...
-¡No!
-¿Por qué no quieres que se entere?
-Me da pena, es mi crush. Si se entera quizás no se quiera tomar un café conmigo...
-O quizás quiera conocerte mucho más....
-¿Tú crees?
-Mi amor con esa pinta de hetero que tiene no creo...
-Lo mismo pienso...
-Y si pudieras jugar papá y mamá con ella ¿qué rol serías tú?
-¡Sádico!
-Dime...¿Serías el papá verdad?
-....
-¡Lo sabía!