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El día más duro.

Me dio un manotazo y terminé pegada a la puerta. La sala era un desastre. Los muebles en el medio, una de sus pinturas estrellada contra el suelo, su ropa regada por todas partes. Eran las dos de la mañana. Los gritos me habían despertado pero no le di importancia. Era una rutina a la que me había acostumbrado. Pero los insultos aumentaban. Traté de dormir con lágrimas en los ojos, rogando que fuera una pesadilla. Unos golpes secos me hicieron abrir la puerta. Mi papá le daba patadas a una maleta con su ropa. -¡Dejen dormir! Fue lo más ilógico que se me ocurrió decir, en una escena que ya se repetía todos los días. -¡No te metas! Mi mamá estaba encerrada en su cuarto, evitando un mal mayor. Mi papá entró a mi cuarto, cargó a mi hermano menor de dos años y amenazó con llevarlo si lo botaban. Mi hermano todavía en piyamas, empezó a llorar sin entender la situación. Mi mamá salió del cuarto aterrorizada. Lo haló por la camisa, tratando sin éxito de impedirle que se fuera. ...

La forma de acabar una amistad

La mesa redonda de amigas. Yo en el medio. -Creo que no has encontrado el hombre que te haya dado bien duro. -No es eso. -Quizás una mala experiencia... -Tampoco. -¿Pero nunca has...? -No -Te falta es...estar con un hombre... -No creo. -No puedes decir que no te gusta si no lo has probado... -No hace falta. -Tienes que probarlo, no puede decir que no te gusta. -Deberías acostarte con una mujer para ver si te gusta...no lo has probado. -¡Asco! -¿Ves? Silencio. -No te ves como una... -¿Cómo debería verme? -Vestirte como un hombre, por ejemplo. -Son etiquetas, no todas se visten como un macho. -Es una etapa. Estás confundida. -¿Te ha pasado? -¡CLARO QUE NO! -¿Entonces? -Debe ser porque no te criaste con tu papá... -Golpe bajo. -Pero es una posibilidad... -Tus papás están divorciados también, quiere decir que tú... -¡CLARO QUE NO! Silencio. -Pero te hemos conocido novios. -Traté. -¿Pero te gustaba no? -No estaba mal, pero... -¡Ves! No todo está perdido, si...

Omar y su final.

Los besos con Omar no estaban mal, pero la situación se estaba tornando peligrosa. Odiaba quedarme sola con él, porque se convertía en un pulpo. Mis amigas pensaban que me hacían un favor cuando se apartaban discretamente. Las veía alejarse con una expresión de terror. Una negativa era un síntoma de que algo andaba mal, y eso era lo que deseaba evitar. Luchaba por verme "normal", con un novio que me representara y comportarme a la altura de la situación. Pero esta me superaba. Delante de todos, era la novia más cariñosa del mundo, pero al estar los dos solos, ponía mil excusas. Me pidió una prueba de amor; una forma muy sutil de decirme que quería acostarse conmigo. Ahora entiendo al pobre Omar, tenía por su lado la presión de sus amigotes quienes se habían acostados con sus novias, o al menos eso era lo que simulaban. Para él, tenía la menstruación 28 días al mes. Los otros que sobraban, me dolía la cabeza. Después de un tiempo, no pude aferrarme a nada y le lancé d...

La vergüenza

Nunca pude entender a mi papá. A veces pasaba largos periodos en la casa, me peinaba para ir al colegio, hacia la comida, mientras mi mamá se dedicaba a trabajar. En otros momentos se perdía por meses y no sabía nada de él. No tenía idea a que se dedicaba, pero intuía que era algo divertido. En la esquina de la casa, reposaba un baúl que le pertenecía. De allí sacaba títeres, papagayos y telas multicolores que manejaba con la facilidad de un maestro. Tambien guardaba con celo una caja de colores y maquillaje, le costaba mucho comprarlos. El se disfrazaba para mis hermanos y para mi, y nos representaba algún personaje hasta que nos doblábamos de la risa. En las tardes se sentaba sin descanso a escribir obras de teatro. Se paraba de un golpe a leerlas con una entonación desconocida, metido en los personajes que se inventaba. Pero la familia se estaba desmoronando de insultos. En las noches estallaba en peleas monumentales con mi mamá. A esa edad entendía que era por dinero...

Omar y el condón.

El liceo es la etapa más traumática que alguien pueda vivir en su vida. Lo creo firmemente. No sabemos lo que queremos, las hormonas están alborotadas y hay presión social...mucha. Más si estudias en un sitio como lo hice yo, que se llama Alta Vista Sur, mejor conocida como "La ratonera". El mote le quedaba perfecto. A los 15 años estudiaba en ese lugar y pertenecía a un grupo muy unido de mejores amigas, todas ellas con novios, menos yo. Todos los días me metían por los ojos a un pretendiente: Omar. Omar no estaba nada mal, solo que no teníamos nada en común, excepto en un detalle. Me explico, a él le gustaban las mujeres y a mi también. Pero en ese momento -y por mucho tiempo- pensaba que eso estaba muy mal. Así que Omar, era el ideal para mi. Nos hicimos novios. Y mi estatus en el grupo subió dos escalones. Pensé que eso iba a solucionar mis "problemas": sociales, sexuales, los que sean. Pero el grupo es voraz y demandaba mas pruebas. Porque ...

Vino y fresas

-Che, si querés llevo una botella de vino...¿a vos te gusta es el blanco no? Dudé.  Una cosa es que fuera a mi casa a cenar y otra era meter un vino.   Porque el vino implica un compromiso previo, es una bebida más erótica, sensual -imaginaba yo- amante fiel de la cerveza.  -Guacha, y podría llevar unas fresas...quedan bien con la bebida.   Señales de alarmas se prendieron, quedé muda por unos segundos. Pero mi mente maquinaba preguntas.   ¿Iba a pasar algo? ¿Qué querrá con eso? Con un hilo de voz, acepté.   Había salido con Ana un par de veces. Pero nuestros encuentros no pasaban de un café, en un Mcdonnal's de Maracay.   Hablábamos sin parar del tema favorito de Ana: el fútbol.  Como buena argentina sabía de estadísticas, jugadores, reglas, aderezando su charla con análisis precisos.   Antes de estas citas yo me googleaba algún dato interesante para impresionar.  Me gustaba, así que mentir y sim...

La masturbación

En mi casa, mis padres podían hablar sobre marxismo, las guerras en el mundo, el imperialismo yanqui, pero no de sexo. Ese era un tema que se mantenía bajo un velo de total hermetismo. Si por casualidad los niños estábamos en la sala cuando se tocaba ese tema, éramos despedidos inmediatamente. -¡Vaya, vaya a ver si el gallo puso! La primera vez que cayó en mis manos un libro sobre sexo, fue -irónicamente- un texto evangélico titulado "Los jóvenes preguntan". En el primer capítulo hablaban sobre la masturbación. Me devoré las 10 páginas, llena de fotos de jóvenes en una iglesia o caminando en un parque felices. Aconsejaban que para evitar el pecado de no masturbarse había que salir a caminar y rezar...rezar muchísimo. A todas estas, cuando terminé de leer, no sabía que demonios era masturbarse. Entendí que debía ser algo extremadamente malo. Pero ¿qué era? ¿cómo se hacía? Salí del cuarto de mi abuela con el libro todavía en la mano. En la cocina estaba una tía lavan...