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Mostrando entradas de enero, 2015

La mujer perfecta (I)

-¡Vámonos! -Mawa, ¡cálmate! Entremos un momento, hablemos. -¡Llévame al hotel Mafer! -Discúlpame. Cálmate un poco, entremos a la disco y terminamos bien la noche. -Si no me quieres llevar, me voy caminando. -¡Son las tres de la mañana! ¡Ni siquiera conoces la ciudad! -No me importa. Estaba determinada caminar a oscuras en un sitio desconocido, sin saber si el hotel quedaba a la derecha o la izquierda, si estaba a pocos metros o muchos kilómetros. Pero necesitaba alejarme de una situación clara para mi y confusa para ella. Una media hora antes de esa escena frente a una disco de ambiente, lejos de casa, Mafer me sostenía la cintura con la fuerza de la posesión. Estaba incomoda. Observaba a las parejas bailar con una despreocupación desenfrena, mientras ese brazo en mi cintura me daba una calidez de protección y deseo. Estaba molesta. Pero no con ella, mil y un veces conmigo, porque esa mujer que tenía al lado era la mujer perfecta. Para mí, para cualquiera. La conocí hace

Capítulo final (Mea culpa)

-Amiga, necesito hablar. No me gusta agobiar a las personas con mis problemas, escribo en un blog para desahogar las penas, para analizar mis fallas, pero necesito que alguien me escuche. Amiga, esto que ves aquí no es una persona, esto que tienes frente a ti es error, una humillación. Yo, que me considero una mujer arrecha, una mujer autosuficiente, le tengo terror al fracaso. Y por ese mismo temor a fallar, caigo una y otra vez de bruces contra una realidad que me supera. Yo, que como una paranoica no soporto que lleguen ni un minuto tarde, estoy atrasada, a deshora en mis relaciones. Soy incapaz de saber el tiempo exacto para rendirme, puedo seguir sin cansarme en un diálogo inútil de reclamos para llevar la razón, multiplicar las fallas de otros, restar las mías. Amiga y aún así, ante esta confesión, trago grueso para creerlo. ¿Yo? ¡Pero si hice todo bien! No creas, tengo notas mentales de mis errores y trato de corregirlos para la siguiente, porque ¡esta vez si va a funcionar! Sin

Capítulo final (Las llamadas)

Estaba un poco harta. Rectifico la frase. Estaba muy harta de la situación. Marqué el número por quinta vez y como ella no respondía mandé un mensaje. -Atiende el teléfono por favor. -Hay mucho ruido, no vas a escuchar nada. -No importa, atiende el teléfono. La discusión llevaba al menos una hora. Yo forzaba unas respuestas que siempre caían en la misma petición. -Atiende el teléfono. Tres llamadas más...nada. -¿No vas a atender? -Hay mucho ruido. -Entonces, levanta el culo de la silla y llega a un lugar donde puedas hablar bien. No lo hizo. El cóctel explosivo estaba en proceso de preparación. Nuestra esporádica relación fue eso, un ejercicio de fuerzas con el mismo objetivo de ser feliz, pero empujado en diferentes direcciones. Teníamos tan poco en común, que las dos celebrábamos como una gran victoria, cuando coincidíamos en los mínimos detalles. Pero ni siquiera eso estaba completo. A las dos nos gustaba el cine, pero mientras yo seleccionaba películas poco conoc