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Resarcimiento de daños (y II)

-¿Quieres que hablemos aquí Mawa? ¿O en otro sitio? Las dos preguntas sonaban amenazantes. Era como si me diera a elegir el lugar de mi asesinato: o esta plaza cerca de mi casa, o algún otro paradero donde nadie pudiera escuchar mis gritos de autodefensa. Porque me iba a defender. Creo. -Da igual David. Él agarra una inmensa cantidad de aire, y llena sus pulmones con una determinación cargada de palabras hirientes producto de heridas mal curadas. Y lo suelta. -¡Eres una puta egoísta! El inicio de este combate le anota dos golpes en uno. Por unos segundos recordé un hecho muy extraño, una comparación tragicómica. David y yo pasábamos mucho tiempo jugando Mortal Kombat en mi casa. Su personaje eterno era Liu Kang y el mío Kitana. Podíamos durar hasta la madrugada intentando matarnos uno al otro en ese juego de Nintendo, hasta que se acababa la diversión porque David siempre me ganaba. Pero hoy, esto no es un juego, no podía apagar la consola. -¡Una egoísta de mierda! Solo er...

Resarcimiento de daños (I)

Pido perdón por el mal rato pasado. No fue mi intención causar en ti, angustia, desconsuelo, ira, tristeza, o para resumirlo mejor, una gran decepción. He sido -muchas veces de manera consciente- una gran irresponsable al actuar sin medir las consecuencias, o quizás conociendo las implicaciones de mis desacertadas decisiones, considero que vale la pena incurrir en el error. No pido un perdón exprés, una clemencia sin ganas que dejará a la deriva esta amistad de tantos años, y menos por una mujer David. Mi delito fue no decir la verdad. Ocultar un hecho, a todas luces deplorable y reprochable. Es por este motivo que necesitamos vernos lo más pronto posible, antes de irme del país, porque siempre seré una gran defensora del poder de la conversación. Espero, quiero y te ruego, vernos en la plaza de mi urbanización, esa plaza que tantos secretos nos ha guardado. Te espero allí a las ocho de la noche, con o sin tu respuesta. Un abrazo. Mawa. *Enviar* Los grupos de WhatsApp son el...

La despedida (y II)

-No. Está saliendo conmigo. Un golpe directo al estómago. Eres un amigo horroroso, horrible. ¿Cómo coño se te ocurre salir con mi ex? ¡Tú eres uno de mis mejores amigos! Sabes la importancia de esa mujer en mi vida. Conociste de primera mano todo el tiempo y el esfuerzo que me tocó conquistarla. ¡Lloré en tu hombro cuando terminamos! Te dije que me había enamorado de ella, que me dejó el corazón roto, que gracias a ella volvió mi arrechera a las bisexuales. ¡Me diste ánimo! Me dijiste que ella no valía la pena, que era una loca, una indefinida. ¡Hipócrita! La querías para ti todo este tiempo. Yo siempre supe que ella te gustaba, siempre, pero jamás pensé en esta traición, de ti no, todos menos tú. Seguramente me vas a decir que ya lo nuestro terminó, pero David, el código dice que nunca vas a salir con el ex de un amigo. ¡Claro! No se te ocurrió mejor momento de darme la noticia cuando me voy del país. ¡Cobarde! ¡Yo jamás te quité una novia! ¡Ah, no perdón! Es que nunca te conocí una...

La despedida (I)

-Voy a buscar mi guitarra. Me entusiasmé a duras penas, tratando de disimular mi tristeza para no desentonar en la reunión con mis amigos, pero no es cualquier reunión, es mi despedida. Malditas despedidas. Cansada de decirle adiós a mis mejores amigos, a exparejas y conocidos, ahora estoy yo aquí, aprovechando las pocas horas que me quedan en Venezuela para emborracharme hasta olvidar mi nombre. Y, como siempre pasa cuando decido beber hasta agotar mi mente, voy muy bien. Edgardo regresa con la guitarra. Por ahora solo estamos él y yo, esperando a los demás que andan en busca de hielo y alcohol. -¿Qué quieres que toque? -No sé, algo que no sea triste. Edgardo es un ingeniero químico tan compenetrado con su carrera, tan intensamente obsesionado con su profesión, digamos, tan nerd, que bautizó a cada miembro de este pequeño grupo selecto con el nombre de algún metal, según la tabla periódica. Él es plomo, Pb. Por el hecho de ser una persona fácil de fundirse con los demás, de...

La intervención

Antes de la intervención  Los animales responden a estímulos. Hace muchos años tuve una perrita llamada Chiquita, que movía la cola cada vez que me veía entrar a la casa después del trabajo. Chiquita sabía, olfateaba desde lejos, la recompensa que le tenía reservaba pero con la condición de que me diera la pata. Así que Chiquita, mi perrita, me esperaba lista con la pata arriba. Pata arriba, comida. Pata abajo, nada. Un estímulo simple, básico, sin complicaciones. Los seres humanos somos una masa de carne más compleja que un perro, o en teoría debería ser así. Pero ahora, mirando de frente a mi amiga Sandra, empiezo a cuestionar totalmente esta premisa. Ella no me mira porque tiene la vista clavada en la pantalla de su celular mientras sus dedos escriben frenéticamente. Yo estoy callada esperando que termine de decir algo, pero su teléfono no deja de escupir sonidos, y cada medio minuto se interrumpe para responder como una poseída. Cuando no suena el celular, igual...

El fracaso de cupido

El ambiente es perfecto. Un cielo despejado con una luna llena como guinda. Un jazz tan sutil, orgásmico, que invita confesar secretos y propuestas indecentes. Unas cuantas cervezas nadando en un recipiente repleto de hielo, buena compañía conversando de todo y de nada, mientras una piscina en calma nos regala sus eternos reflejos azules. Pero nada en este ambiente es inocente, porque estoy en este bar al aire libre con el propósito de unir dos corazones. Mi buen amigo David, que ahora lo tengo al frente, tiene un año completamente solo sin posibilidad de conseguir compañía por culpa de su congénita timidez. A mi derecha está Sandra, una compañera de trabajo tan inestable en sus relaciones amorosas, que ella misma podría ser un ejemplar para crear una nueva patología para el desastre en pareja. A mi izquierda en esta mesa redonda está una amiga de Sandra, a quien no conozco de nada y mucho menos puedo recordar su nombre, pero quien no deja de hablar sobre su reciente divorcio y ...

Réquiem por una infidelidad (y III)

Una eternidad, esperé este instante y no lo dejaré deslizar en recuerdos quietos, ni en balas rasantes, que matan. Come de mí, come de mi carne. -¿Qué haces? -Escribo la primera estrofa de la canción de Soda Stereo. -Focus, Honey . Concéntrate en la locura.  -Es que dije que nunca más iba a escribir sobre mi ex, esa ex. -Y siempre tú apegada a las promesas. -Me preocupa una cosa. -¿Solo una? ¡Qué optimista! -Sí, solo una...Ella me va a preguntar, ¿cómo pude serle infiel al que fue el amor de mi vida? -Madonna tiene la respuesta. -¡No! ¡Por favor no hagas la imitación de Madonna! ¡No en este sitio súper hetero! -Le vas a decir... -Siéntate marico... -Voy a buscar una cerveza... -¡No vas a tomar más y siéntate! -Le vas a decir, que cuando la conociste, I was beat, incomplete, but you made me feel, yeah, you made me feel, shiny and new... -¡Dios santo! ¡Pide la cuenta! - Like a virgin, touched for the very first time, Like a virgin, uuuuh Entre caníbales...