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Entradas

El callejón de la puñalada

Era una mala idea. Lo dijo mi mente y lo expresé en voz alta porque mi conciencia jamás se equivoca, solo que yo nunca le hago caso. -Chama, esta es una mala idea. Ella miró a otro lado fingiendo no escucharme, levantó su trago -una mezcla de tequila con ginebra- y brindó con la multitud al ritmo de las Chicas del Can.  Odio los kareokes.  No encuentro lógico pagar una cantidad exorbitante de dinero por unos tragos mal preparados, mientras escuchas como otros destrozan una canción tras otra, durante horas. Pero aquí estamos, en una taguara mal iluminada con olor a orine, en una de las zonas más peligrosas de Caracas, con un nombre peculiar y escalofriante: el Callejón de la Puñalada.  Me habían hablado de este sitio muchas veces, y aunque su mala fama es vox populi, muchos corrían el riesgo de adentrarse en el área porque aseguraban, que si salías vivo después de una noche en el callejón, esa sería una de las mejores de tu vida. Pero yo estaba tensa. -Lo...

Heteropolítica

Al fondo, el rumor de las olas. Un poco más allá, por decimotercera vez en esta madrugada, se escucha la canción de Circo Urbano, "Muerto en Choroní" para el delirio de todos los borrachos. Pienso que tanta obviedad no es necesaria. Sí, estamos en Choroní, pero lejos del 2003 cuando el tema era un boom, y mucho más lejos aún del ambiente romántico que busco crear en esta primera cita. Aunque no se podría llamar a esto, una cita. Ella está tendida en la cama del hotel, pidiéndome en susurros sus más cochinos deseos para este amanecer del domingo. Aunque el momento es altamente erótico: el calor de nuestros cuerpos, la semi penumbra, los restos de olor a coco en su piel, ella acostada en la cama, yo sentada en sus caderas; siento unas ganas inmensas de reír. Es un gesto en su boca lo que desarma todas mis ganas, porque cada vez que hace una petición sexual, se muerde el labio inferior cual Mia Khalifa en sus mejores -y peores- pelis pornos. -Quiero (mordida) que (mordida...

El dilema

Perder un amigo o desperdiciar una excitante oportunidad. Llevo rato saboreando un café pensando en estas dos tormentosas posibilidades, mientras ella habla pero yo mantengo sus palabras en mudo para sortear sin molestias la opción A o B. El mundo está plagado de grandes decisiones que han cambiado el curso de la historia: el ascenso de Hitler al poder, la llegada del hombre a la luna, la separación de los Beatles, el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Japón, la caída del muro de Berlín, y aquí estoy yo, una simple mortal de este planeta, una más entre los siete mil millones de habitantes, pensando si me acuesto con la esposa de mi mejor amigo o no. Este buen amigo se mudó hace seis meses a Buenos Aires huyendo de la crisis del país, con la promesa de reunir suficiente dinero para alquilar algo cómodo y mandar el boleto de avión para su esposa, pero antes me dejó una tarea. -¡Cuídala mucho Mawa! Yo confío en ti. ¡No! No puedo acostarme con la pareja de mi amigo, sería una ab...

Cerveza y confesiones (y II)

Esta será la última vez. Sé que siempre lo digo y en la cita anterior prometí que sería la última, pero de verdad Mawa, esta será la última vez. -Disculpa la tardanza, el baño estaba ocupado ¿En dónde quedamos? -Quedamos en tu divorcio. -No, no Mawarí. No hagas trampa. Quedamos en tomarnos esas copas de vino en mi casa. Miro el brillo en sus ojos y sonrío. Tengo frente a mí un inmenso error, error que alimenté con simples mentiras y algunas verdades a medias hasta llegar a este callejón con terminación en doble vía: una de ellas indica la entrada y otra la salida. Tomar la puerta de salida implica que eche para atrás todo este parapeto de mujer dominante, soltera sin condiciones y heterosexual convencida que construí en tres horas de labia intensa y diez vasos de cerveza. Pasar la puerta de entrada es demostrarle a este hombre, para más señas, un antiguo novio recién divorciado, padre de una niña de ocho años, vegetariano, ferviente integrante de la Asociación Internacional par...

Jefe es jefe y el que no sabe...ya les cuento

Ella me abrió el cierre de la blusa de un solo tirón, con una experiencia que me dejó sorprendida, perturbada, y semidesnuda en la cocina de la oficina. La miré un momento sin decir palabras. Boca abierta a medio camino entre el insulto y la risa. Bajé la cabeza para verificar, no sé qué cosa. Al menos, pensé, tengo mi sostén negro favorito. Unos minutos antes, ella me había seguido hasta la cocina para señalarme con malicia mi pronunciado escote. Ante su insistencia me paré frente a ella, sacando pecho, orgullosa de mis grandes senos naturales, con esa actitud malandra que adopto cuando siento que otros pertuban mis decisiones. A ella, mis senos le molestaban. O la excitaban, no sé. Ella era mi jefa. Así que allí estaba yo, sin blusa, en la cocina de mi trabajo, fuera del horario laboral, sola, frente a mi jefa quien llega y me dice: -¡Así está mejor! En segundos se abre un debate en mi cabeza: ¿Esto cuenta como acoso laboral? ¿Y si me gusta podemos seguir llamándolo así? ¡...

Cerveza y confesiones (I)

-Querida, ¿Cuál es tu problema? -Ninguno ¿por qué? -Estás fumando más que una puta presa, con el perdón de las putas. Bebes como si fueras Amy Whitehouse días antes de morir y te hablo, te hablo y te hablo y como siempre me ignoras pero al menos antes disimulabas. -Disculpa amigo, ¿qué me decías? -Te hablaba de mi marido. -¡Claro! De Héctor. -Mawa, Héctor y yo terminamos hace N-U-E-V-E semanas. -¡Verdad! Hablas de este chico, el albañil, este que, me perdonas mi amor pero tiene una pinta de malandro. ¡El maricolandro! Jajajaja. -Ese es José y fue mi eterno amor de una noche. No me lo recuerdes que todavía me duele. -¿Y la puta soy yo? ¡Qué fuerte! - Anyway, ¡Not problem! I don´t want to talk to you. ¡Stop! -Tu inglés me cautiva Shakira. -¡Cuan cruel eres conmigo! ¿Qué te he hecho yo para merecer esto? -No te pongas Corín Tellado que sabes muy bien que por mucho que nuestros comentarios sean homofóbicos, insensibles y crueles son parte de nuestro arte para burlarnos de noso...

Delirio

-¿Qué llevas puesto? Un susurro que se transforma en gemido. Su mano izquierda explora con lenta timidez dentro de mi pantalón, atrapando con su dedo índice y pulgar la mínima liga de mi hilo. Muerde y humedece mi labio inferior impidiendo cualquier respuesta. Repite la pregunta apretando sus labios contra los míos. -Llevo un pica queso. Abre completamente los ojos. -¿Qué? Me echo a reír. -Es que el hilo es tan fino que se parece a lo que usan los queseros en Upata, que en vez de usar cuchillos, pican el queso con... -Ya se Mawa, pero...¡Olvídalo! Da una vuelta y se sienta encima de mí. De un rápido movimiento, se quita la liga que ata su cabello y este cae como una cascada erótica sobre su piel desnuda. A contraluz, su silueta es tan sutil como un poema de Neruda, Comba del vientre, escondida/ y abierta como una fruta/ o una herida/ Dulce rodilla desnuda/ apretada en mis rodillas/ dulce rodilla desnuda/ Enredadera de pelo/ entre la oferta redonda/ de los senos / Huella qu...