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Solo para veganos (y II)

Tengo una sensación áspera en mi garganta. Mis manos empiezan a sudar y miro a todos lados en busca de algo, mientras doy pequeños golpes a mi cabeza. Tengo un bajón de nicotina, uno de los más desesperantes. Llevo ocho horas sin fumar y me siento miserable. No me concentro mientras me hablan y tampoco me importa. Podría fumar una colilla de cigarrillo usada por otra persona y sería feliz. Así de mal estoy, así de terrible es este vicio. Me dijeron que no podía fumar en la hacienda y quiero irme caminando hasta el sitio más cercano para pedir un cigarro y un fósforo, pero no tengo que llegar tan lejos. Cuando se dan cuenta que estoy llegando a un estado casi autista, una voz fuera de este mundo me dice. -Puedes fumar, pero en aquel rincón. Sin hablarle a nadie para que medites sobre ese asqueroso vicio. Esa es la regla. Si la condición hubiese sido que tenía que fumar boca abajo recitando el Padre Nuestro, la hubiera aceptado. En pocos minutos calmo mi ansiedad, mientras un ...

Solo para veganos (I)

Tengo un hambre inmensa desde hace dos días. -Eres demasiado cerebral, piensa con tu espíritu. -Mi espíritu también pide comida. -Mawarí, definitivamente no estás preparada para esto. Nosotros estamos en otro nivel. Por su comentario, quiero clavarle en el cuello el pincho de berenjena, calabacín, pimentón y cebolla que tengo a la mano, pero es mi único almuerzo, así que no jugaré con la comida de ese modo. Tengo dos días encerrada en una hacienda desayunando, almorzando y cenando solo vegetales, de los cuales no tenía ni idea que existía en la naturaleza. -¿Qué es esta cosa? -Esa cosa se llama Chayota. Miro con suspicacia el plato. -¿Y cómo se ve eso en la vida real? -¡Verde! Como todo lo que deberíamos comer. -Necesito carne en vara. Todos voltean y siento pinchazos de malas miradas a mi alrededor. No les caigo bien a muchos, porque he estado comentando en la mesa mis sueños eróticos gastronómicos repletos de carbohidratos, mientras pico mi carne de soya. Mastico la gra...

Lejos de ti

Tus lejanas palabras. Suspiro. Suspiras. En ese silencioso espacio me convencí de cuánto te amaba, y tenía que, de una vez por todas, aceptar la derrota. Debía desempacar la maleta que desde hace mucho tiempo estaba preparada, en espera a tu mínima señal para huir de todos y de todo. Ahora estoy aquí, corriendo sola sin rumbo. Lejos de ti, por favor, lejos de ti. Dejaste estas cicatrices expuestas a la luz y el polvo, y no conforme con esto, exprimías sobre ellas la amarga bilis de tu ausencia. Era el momento de rendirse, por favor, lejos de ti. Lo dije y empezaste a llorar, abriendo la grieta de mi duda. -No quiero que te rindas. -¡Te odio Alejandra! Gasté setecientos treinta días, ocho mil setecientas horas, quinientos veinticinco mil seiscientos minutos y treinta y un mil millones de segundos pensando en ti, y ni el tiempo pudo medir la tortura de tu silencio. Pero mi cuerpo, sí. Si no tenía el vicio de tu olor pegado a mi cuerpo, era necesario buscar...

Conejitas de Playboy

Voy caminando con e l corazón latiendo en mi garganta. A lzo e l mentón como e l gesto más seguro de l mundo , aunque las rodi l las me tiemb len cua l ge latina y a mi lado, tenga a un par de buenos amigos como guardaespa ldas. E l objetivo está a unos cuantos metros, es imposib le pasar por a lto las luces de neón a lumbrando toda la ca l le. -En ese sitio no se permite chicas. -¡Qué discriminación! Pienso un segundo. -¿Y si me visto de hombre? -¡Buena idea! Es un chiste.  No pienso disfrazarme para poder entrar a un c lub de strippers, aunque e l lugar es conocido como uno de los mejores de la ciudad, y tenga e l sugerente nombre de "P layboy". Aunque, a decir verdad, la idea me da vue ltas en la cabeza un rato. No soy buena tomando decisiones cuando l levo más de tres horas bebiendo con buenos y ma los amigos. Saco rápidamente la cuenta de mis aventuras, y l lego a la no tan sorprendente evidencia, que siempre soy yo quien inventa a lgo diferente cuando nos ...

Dos cafés y un beso

Pienso que mi lenguaje corporal dice más que mis palabras. Pienso, y me equivoco de plano. Él, casi me abraza y me susurra al oído que necesita en este momento, dos cafés y un beso. -Puedo conseguir los cafés, pero el beso está más difícil. Sonríe con ese toque de casanova atrapado en su juego de seductor, y por un momento me siento incómoda y me divierte la situación. A este hombre no solo lo admiro, está en mi lista de personas a quienes me gustaría llamar amigo, pero él tiene otros planes. O al menos, me explica, quiere lo mismo pero antes debo pasar, como en el Monopolio, por GO y cobrar peaje. No es tan explícito, ¡no vayan a creer! Lo suyo es un monólogo sutil tan bien creado, que al final quedas atrapada como una mosca  en una tela de araña. Fumo mientras escucho los beneficios de acostarme con él: se da su tiempo, conoce el cuerpo de la mujer hasta la última glándula y no está de acuerdo en eso de penetrar por penetrar. Es un sexo tántrico aderezado de fantasías s...

Combinación química para el desastre

La regla indica que jamás debes meter tus narices en una relación o discusión de pareja, excepto claro, si observas algún gesto que podría llevar a la muerte. Si este no es el caso, jamás debes opinar de más o de menos. Tengo una amiga con todas las virtudes conocidas. Es una guerrera sin una pizca de miedo, tiene una simpatía desbordante, está llena de vida y presume una belleza fuera de lo común que no deja indiferente a los hombres, pero quién le haya ofrecido como regalo estos atributos, se le olvidó incluir el sentido común. Tiene un olfato para las relaciones tóxicas que asustaría a Pamela Anderson y Britney Spears. Puede engancharse a cualquier minúsculo detalle sentimental, y con eso viajar a la luna. Cuando llega tan lejos, se da cuenta que está sola en su amor, pero aún así no se detiene. Me duele verla sufrir, y aunque gasté saliva, horas y consejos en ella, el cambio es una utopía. Yo apuntaba hacia el problema y ella solo miraba el dedo que señalaba. Decidí acepta...

Caracas es una salsa

Un cálculo exacto que no debería confesar: en mi cartera entran 14 botellas de cerveza de 300 mililitros. Pesan...y mucho, mientras espero llegar a la estación Plaza Venezuela, a eso de las 9:00 de la noche. Leí por ahí, que Caracas es una de las ciudades más violentas del mundo, pero yo la desafío llegando todos los días tarde, al apartamento de mi prima. No me he topado con ningún delincuente enamorado de mis pertenencias, ni una bala perdida, pero sí, con una variopinta jungla de personajes exóticos. Con más de cinco millones de habitantes concentrados en un pedazo de tierra, la mínima probabilidad es encontrar un loco en el día. No solo eso, si vives en Caracas por un tiempo, tarde o temprano, formarás parte de esta estadística. Mi prima confiesa que después de dos años en la ciudad, camina por las calles concentrada en animadas conversaciones en voz alta...con ella misma. Como hay diez locos en cada esquina, nadie parece prestar atención a lo folclórico, a la ruptura de lo ...