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Laguna mental

Me duele la cabeza. Pero es un dolor físico, nada de esas tonterías sicológicas. Es una puntada en el lado derecho de mi cabeza y cuando me toco, toda mi frente está cubierta por algodones. ¿Qué pasó? Creo recordar la noche anterior. El espectáculo, la risa, el llanto y la repetitiva y balbuceante frase ante mi familia. -¡Todas las mujeres de aquí son arrechas! ¡Tú eres arrecha! ¡Tú también! Después de eso el golpe y ahora, pedazos de conversaciones pasadas que se mezclan con mi presente. -Mawa, no me voy a ir sin nada. Voy a llevar la hierba encima. -¡ESTÁS LOCO? -No, ¿por qué? -¿Vas a pasar marihuana por un aeropuerto? Yo llevo un yesquero y me lo decomisan. -No va a pasar nada, tengo mis técnicas. Creo que el golpe en la cabeza fue porque la pegué contra la esquina de una mesa. -A la amiga la conectaron. -¿Qué? -La novia le cayó a golpes, Mawa. -¿La loca que se inventó un cáncer para que no la dejaran? -Esa misma. -En una semana vuelven, después sabremos de ellas ...

La mujer perfecta (y II)

¡Oh las palabras! ¡Como se las lleva el viento! El cuarto de hotel era un pozo oscuro y frío. Desde el baño, el sonido de una gota de agua golpeando el lavabo, creaba un eco monótomo que me impedía seguir durmiendo. Necesitaba levantarme de la cama sin despertarla, pero al mínimo movimiento, ella me apretaba contra sí, cerca, más cerca. Susurré una excusa y cerré la puerta del baño para encontrarme de frente al espejo. La gota golpeó mi cabeza -¿Qué hiciste? Otra vez, el sonido. -¡Es tu amiga! Traté de cerrar el grifo. -¿Y ahora qué harás? Tic, tic, tic -¿Y ahora qué vas a hacer? -Mafer, vamos a desayunar. Tomamos café evitando tocar el tema de la noche, compartimos un par de comentarios como unas amigas, en un encuentro casual de un domingo cualquiera. Nos despedimos con un abrazo fraternal, un tanto apenadas, un poco tímidas, evadiendo lo que nos llevó a estar en ese lugar. Tomé la cobarde decisión de no mencionar el tema, simular que nada pasó, pero Mafer atacó de fr...

La mujer perfecta (I)

-¡Vámonos! -Mawa, ¡cálmate! Entremos un momento, hablemos. -¡Llévame al hotel Mafer! -Discúlpame. Cálmate un poco, entremos a la disco y terminamos bien la noche. -Si no me quieres llevar, me voy caminando. -¡Son las tres de la mañana! ¡Ni siquiera conoces la ciudad! -No me importa. Estaba determinada caminar a oscuras en un sitio desconocido, sin saber si el hotel quedaba a la derecha o la izquierda, si estaba a pocos metros o muchos kilómetros. Pero necesitaba alejarme de una situación clara para mi y confusa para ella. Una media hora antes de esa escena frente a una disco de ambiente, lejos de casa, Mafer me sostenía la cintura con la fuerza de la posesión. Estaba incomoda. Observaba a las parejas bailar con una despreocupación desenfrena, mientras ese brazo en mi cintura me daba una calidez de protección y deseo. Estaba molesta. Pero no con ella, mil y un veces conmigo, porque esa mujer que tenía al lado era la mujer perfecta. Para mí, para cualquiera. La conocí hace...

Capítulo final (Mea culpa)

-Amiga, necesito hablar. No me gusta agobiar a las personas con mis problemas, escribo en un blog para desahogar las penas, para analizar mis fallas, pero necesito que alguien me escuche. Amiga, esto que ves aquí no es una persona, esto que tienes frente a ti es error, una humillación. Yo, que me considero una mujer arrecha, una mujer autosuficiente, le tengo terror al fracaso. Y por ese mismo temor a fallar, caigo una y otra vez de bruces contra una realidad que me supera. Yo, que como una paranoica no soporto que lleguen ni un minuto tarde, estoy atrasada, a deshora en mis relaciones. Soy incapaz de saber el tiempo exacto para rendirme, puedo seguir sin cansarme en un diálogo inútil de reclamos para llevar la razón, multiplicar las fallas de otros, restar las mías. Amiga y aún así, ante esta confesión, trago grueso para creerlo. ¿Yo? ¡Pero si hice todo bien! No creas, tengo notas mentales de mis errores y trato de corregirlos para la siguiente, porque ¡esta vez si va a funcionar! Sin...

Capítulo final (Las llamadas)

Estaba un poco harta. Rectifico la frase. Estaba muy harta de la situación. Marqué el número por quinta vez y como ella no respondía mandé un mensaje. -Atiende el teléfono por favor. -Hay mucho ruido, no vas a escuchar nada. -No importa, atiende el teléfono. La discusión llevaba al menos una hora. Yo forzaba unas respuestas que siempre caían en la misma petición. -Atiende el teléfono. Tres llamadas más...nada. -¿No vas a atender? -Hay mucho ruido. -Entonces, levanta el culo de la silla y llega a un lugar donde puedas hablar bien. No lo hizo. El cóctel explosivo estaba en proceso de preparación. Nuestra esporádica relación fue eso, un ejercicio de fuerzas con el mismo objetivo de ser feliz, pero empujado en diferentes direcciones. Teníamos tan poco en común, que las dos celebrábamos como una gran victoria, cuando coincidíamos en los mínimos detalles. Pero ni siquiera eso estaba completo. A las dos nos gustaba el cine, pero mientras yo seleccionaba películas poco conoc...

Manual del periodismo hipócrita

A todas las personas les gusta confesarse. Aún al más duro, a los que rehuyen a un par de preguntas, a esos que ven un periodista y ponen cara de estar frente a una plaga. A esos más que a nadie les gusta hablar. Toman una actitud de cerrado hermetismo y te retan con la mirada, te observan de arriba a abajo midiendo cada gesto. Ellos construyen un camino minado y si das un paso en falso, saltan de la silla ofendidos. Pero pasa, y pasa con todos, que nos gusta que nos escuchen, nos gusta sentirnos comprendidos, nos gusta que nos den la razón y ¿por qué no? Nos gusta sentir que somos importantes. Todos tenemos un ego, solo que en diferentes dimensiones. En ese momento el periodista hace su trabajo. Lo importante no es el lápiz o papel o la grabadora, la herramienta indispensable es la paciencia. Esperar, escuchar y esperar. Esperar a preguntar lo que quieres saber, no lo que el entrevistado te quiere decir. Es muy fácil contar las victorias, otro caso son las derrotas. Y mien...

Celópatas anónimas

-Yo ya me curé, ya no hago eso. Yo antes a mi novio le revisaba todos los días el teléfono, ahora no. Dice una amiga fumando un cigarro tras otro, como una de esas personas que salen limpios después de cumplir todos los pasos de Alcohólicos Anónimos. No sé si es una mala costumbre, pero cuando conozco a alguien, una de las primeras cosas que le pregunto es si es celosa. -Un poquito. -Lo normal. Después me entero que lo "normal" es un interrogatorio que dejaría pálido al FBI. -¿Y por qué estás conectada al whatsapp y no me escribes? -¿Con quién hablas? -¿Quién es esa que te escribió? -¿A qué hora vas a llegar a tu casa? -¿Por qué llegaste a esa hora si me dijiste otra? -Te llamé y no me atendiste al segundo repique ¿qué hacías? -¿Por qué el teléfono está en vibración? -¿Y por qué ella te saluda con un beso? No es que tengan algo concreto en la mano, es que tiran a pegar algo que consideran verdad o al menos dejar una advertencia. -¡Qué yo no me entere que le hag...