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Harry Potter y la maldición de los ex (El final)

Por mucho tiempo pensé que lo mejor era quedar bien con los ex. Sentía que era una forma de ser madura en estos tiempos, demostrar que se podría sobrellevar un final de manera elegante. En muchos casos lo intenté y llegué a una conclusión reveladora: no se puede. Es simple, es verdad eso de que en una relación siempre hay alguien quien ama más y cuando una relación llega a su fin, el primero en buscar una amistad, es el menos quiere. Porque para esa persona es muy fácil desligar el sentimiento de la persona, porque nunca sintió tanto como el otro. ¿Quién en su sano juicio quiere escuchar sobre la nueva pareja de su ex? Ponerte en una situación donde tengas que escuchar que esa persona es feliz con otra, tener que tragar y masticar lo bien que le va en situaciones que contigo no disfrutaba. Y en esos experimentos, en la mayoría de los casos, cuando se intenta una amistad, todos caemos en el "último polvo". Ese momento estúpido para demostrar lo bien que nos desempeñamo...

Harry Potter y la maldición de los ex (II)

-¿Qué saben de ella? -¿De quién Mawa? -No se hagan las locas...de mi ex. -Está muy enamorada, está buscando casa para vivir con su pareja. Yo la veo feliz, muy feliz. -¡Me alegro! -¿Si? No, por supuesto que no me alegraba. Quería que me dijeran que la estaba pasando mal, que no me había olvidado, que preguntaba por mi. Me hubiese gustado escuchar un simple, "te sigue amando" ¿es mucho pedir? -¿Cómo se llama la pareja? -¿Para que quieres saber Mawa? -Curiosidad. -Se llama María. ¡Rayos! María es un nombre muy común para buscar en internet. -María ¿qué? -No te vamos a decir. Averigua. Y eso hice. Mi ex pareja no tenía una obsesión por las redes sociales como yo. Su última publicación en Twitter tenía fecha de hacía un año atrás, así que me dediqué a investigar uno a uno a sus quince seguidores. Descarté a varios hasta que quedé con dos posibles candidatos que tenían cuentas en Instagram y ¡bingo! Di con la bendita María. El descubrimiento fue un puñal doloroso...

Harry Potter y la maldición de los ex (I)

-¡Hola Mawa! ¿Te acuerdas de mi? -No, lo siento. -Soy Angel. -¿Angel quien? -Ángel...tu ex. ¡Oh por Dios! Debería existir una ley universal que prohíba y condene a años de cárcel, a esas ex parejas que salen del hueco del olvido. Esas que diez años después o más, lleguen como Ángel a recordar situaciones bochornosas que guardan en su selectiva memoria. -¿Recuerdas ese día que estábamos solos es tu cuarto y tú bailabas una canción de Madonna? Tenías puestos tus pantaloncitos favoritos. -¡Ah si! Lo recuerdo. Mentira. Trataba de ser amable ante una situación que me agarró totalmente desprevenida y en voz baja maldije las redes sociales. Las redes sociales están ahí para dejarte al descubierto y son una puerta libre para dejar entrar a extraños y conocidos y como yo tengo un blog, una cuenta en Twitter, Facebook, Instagram, Badoo, Sonico y cuanta vaina salga, es muy fácil seguir mi pista. Ángel no fue el único quien con una simple búsqueda en Google dio conmigo, lo mismo pasó ...

¿El día de mi suerte? (No, no)

-Nena, tengo a alguien que te quiere conocer... -No, Laura. La última vez que me presentaste a alguien, tuve que calarme a la tipa con su novio que quería salir en el periódico. -Pero esta es diferente... -¿En qué? -No tiene novio. -¡Al menos! -¿No dices que lo único que te levantas son hombres? -Si chama, estoy harta. -Es porque ahora estás transpirando puro aroma femenino. Estás en tu etapa de mujer. -Si. Estoy que me corto el pelo, me pongo ropa de hombre y me visto con los colores de la comunidad gay y lesbiana. -No exageres. ¡Es esa!...La que no deja de verte. -No es fea... -¿Te la presento? -Será...Pero no estoy de ánimo. -Vas a ver que te gusta...¡Daniela ven acá! Actúa normal Mawa... -Ya ni sé lo que es actuar normal... -Sé tú misma.. -¡Ajá! -Daniela, ella es Mawarí...Me voy que me llaman... -¡Hola! ¿Así que eres periodista? -Sí, pero no quiero hablar de eso. -¿De que quieres hablar? -No sé, de otras cosas. Nada del trabajo. -Lo entiendo. ¿Te gustan las m...

¿El día de mi suerte?

-¡Háblame de tu amiga! -¿Cuál Mawa? -La de los labios tipo Angelina Jolie. -¡Ah! ¿Marta? -Yo soy muy de labios... -Y de tetas y culos... -¡Si hablas paja! -¿Qué quieres saber de ella? -Estado civil, profesión, preferencias sexuales. Tú sabes, lo básico. -¿Por qué no se lo preguntas tú? -¡Estás loca! Yo soy muy tímida. -¡Sí claro! -Además, si te lo pregunto a ti es porque quiero saber si existe alguna oportunidad. -Sí, nena. La tienes -¿Si? ¿Es bisexual? -No sé, pero es de esas que se resbalan fácil. -¡Ah no! Pero tampoco me gustan así. -¡Si eres exigente! -No chama, pero me gustan las cosas difíciles. -Pero creo que tienes oportunidad... -¿Por qué lo dices? -Me preguntó por ti y cuando le dije que eras periodista se volvió loca. -¿En serio? -Al parecer esa profesión es un gancho. -¡Me entero! -¡Ujum! Debe ser por eso de que ustedes están metidos en la candela, luchan por la libertad de la expresión, son como unos héroes. -¡Qué bien! Mira, por fin le puedo saca...

Yo vi El Guardaespaldas en el cine

A los 15 años era un alma descarriada que solucionaba todo a los portazos. Mi mamá no sabía que hacer conmigo, cuando quería darme una orden y yo no estaba dispuesta a obedecer, me sometía a una huelga de hambre silenciosa. Era una lucha de poderes en donde mi papá intervenía solo para apoyarme, eso molestaba más a mi mamá. En unos de esos veranos, decidió descansar de mí y me dejó en casa de mi abuela por un par de meses, porque con ella era diferente. No estaba tan equivocada. Mi abuela vigilaba el más mínimo movimiento, prohibida salidas y bueno, tampoco había mucho que hacer en un barrio perdido de Ciudad Bolívar. El máximo entretenimiento era buscar la forma para espantar el calor y yo lo encontré con un par de hermanos. Ezequiel y Migueangel eran tan diferentes que no parecían parientes. El primero era un rubio, con ojos marrones claros y con maneras tranquilas y pausadas. El segundo un moreno alto, de mirada pícara y mucha labia. A mi me gustaba Ezequiel, pero era tan ...

Un cuento de película

Ahí estaba yo, a las dos de la mañana, anotando en un cuaderno las preguntas para mi futuro entrevistado. Era un actor, director y guionista extranjero, dueño de películas que admiro, algunas de ellas con los mejores diálogos de comedia intelectual. Así que debía manejarme con total seriedad para que no se me escapara demasiado mi fanatismo. Además de eso, el tipo tiene un poco más de cuarenta años y se ve muy bien. Quería llegar al punto de sorprenderlo con preguntas diferentes y comentarios sobre la psicología de sus personajes. Confieso que estaba nerviosa. En la mañana lo encontré cómodamente sentado en una de las sillas que rodeaban la piscina. Llegué con mi mejor sonrisa y la petición de unos minutos. El aceptó encantado y comencé a disparar mis casi intelectuales preguntas, anotadas a la luz de la madrugada. El actor me respondía con monosílabos, un poco perdido y pensé que lo estaba haciendo muy mal. Fue en el momento que miré la libreta como un salvavidas para llegar...