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Mariposas Negras (II)

Me levanto con un dolor de cabeza insoportable. No puedo mover los brazos ni las piernas. ¿Dónde estoy? Por una mínima ventana caen unos pocos rayos de sol y me sorprende estar en un lugar conocido.  ¿Qué hago yo aquí? ¿Qué me pasó?  Aprieto mis ojos con las dos manos para acostumbrarme a la luz, trato de estirar mi cuerpo para tomar una mejor posición y me percato que estoy desnuda.  Desnuda y pintada por todo el cuerpo.  ¿Qué vaina es esta?  Desde la punta de mi pie izquierdo, una línea oscura sube hasta detenerse en mi ombligo, en ese punto una docena de mariposas negras se riegan por mi estómago, mis caderas, mis brazos.  En mi muslo derecho, una flor de loto reposa en un huracán de marcas sin sentido.  Dejo caer mi brazo izquierdo y cae en un cuerpo cálido. Lo recordé todo.  -Mawa, compra chocolate. -¿Chocolate?  -Sí, se siente muy bien cuando fumas.  Hice caso a la petición. En mi anexo tenía helado y dul...

Mi promesa (Intermedio II)

No quiero hacer nada más en mi vida que escribir, leer y escribir. Lo dejo plasmado ahora que terminé una crónica sobre el nacimiento del Steel Band. Lo terminé a tiempo para la edición del día, pero al llegar a casa me di cuenta que no estaba perfecto, que deseaba regresar al periódico y quedarme al frente de esa computadora el tiempo que sea necesario hasta que esta fiebre que me cubre ahora, se calme. Es la calentura de seguir contando, de querer indagar más, de llegar hasta el hueso. Jamás me había sentido así en otros trabajos. Pasé nueve años de mi vida encerrada en una oficina editando vídeos sobre curiosidades en el mundo. Era cortar y pegar imágenes, volver a cortar y seguir esa rutina monótona hasta que llegaba la quincena y luego volver a lo mismo. El último año de esa miserable época, me quedaba sentada unos minutos llorando en la cama, lamentándome de mi desgracia. Me pagaban bien, pero a cambio me chupaba todas mis fuerzas. Al llegar a Puerto Ordaz, no pasó ni un...

Más limón y sal (El juicio)

-¡Qué bolas Mawa! -Nena, nena. Estas cosas sólo te pasan a ti. -Jajajaja. -Los tres están gozando mucho ¿no? Merezco el regaño. -¿Sabes cuál es tu problema Mawa? Ambicionas mucho, te dieron un pedazo de torta y tú la querías toda. -No sé si esa comparación gastronómica es exacta. -Jajaja. -Ahora por TU culpa no vamos a ver más a Andrea. -¿Por mi culpa? Un momento, en ese carro estábamos dos personas, adultas por cierto, así que no me eches el muerto a mi sola. -Nena, ¿pero que les pasó? ¿Por qué fueron tan brutas? -Jajaja -Y este no deja de reírse, ¿qué tanto te da risa? -Jajaja, nada sigan hablando. -¡Qué bolas Mawa! Eres una irresponsable. -Si me sigues juzgando de esa forma me voy a molestar mucho contigo. Eres mi amigo, no estoy pidiendo que me des una palmada en este momento, ni me felicites por lo que pasó... -El novio de Andrea era mi pana, ¿ahora con que cara lo voy a ver? -¡Ah! ¿Ese es el problema? ¿Qué él era tu amigo del alma? Tú sabías lo que pasaba entre An...

Tequila, limón y sal (El final)

Un sonido seco, uno solo, en la ventana del carro de Andrea. Ni ella, ni yo lo notamos. Los vidrios estaban empañados de besos, caricias, de una locura que había propiciado el alcohol. Pero ese sonido solitario, se convirtió en golpes desesperados por todo el carro. Fue ella quien se percató de la situación. -Mawa, ¡Para! -¿Por qué? Dije en la bruma del deseo, despertando de ese momento nirvana, alejada de la tierra y enamorada sin fin. Golpes más fuertes, me bajaron de un trancazo a la tierra. -¡Abran la puta puerta o voy a destrozar el carro! Escuché la voz del novio de Andrea cada vez más nítida. Miré por el parabrisas y nos encontramos frente a frente, él tenía una piedra en la mano. La cara descompuesta, la decisión de romperlo todo. Me di cuenta que había amanecido de golpe, la última vez que lo vi, todavía era de noche. -Me voy mi amor, avísame cuando llegues a tu casa. Fueron las últimas palabras del novio de Andrea, en una reunión para despedirla de Venezuela. Le...

Tequila, limón y sal (IV)

No quiero verla, no quiero verla, ni siquiera escribirle, no y no, quisiera verla pero NO, que se vaya a la China si quiere, pero no la voy a ver más. No le voy a hablar, ni siquiera un momento, nada de despedidas y esa hipocresía de "éxitos, espero que todo te vaya bien al lado de tu novio, ¡que tengas hijos hermosos con ojos verdes!". ¡Ja!, no soy hipócrita. Me mandó un mensaje ¿y ahora que hago? La voy a dejar en leído, no le voy a responder, o quizás sí, un OK, algo cortante, o tal vez un mensaje de esos que dan a entender que no me importa nada, que me da igual que se vaya del país, un mensaje frío...Mawa, ¡Le dijiste que estabas enamorada de ella! ¿Dónde dejaste el manual cuando lo hiciste? En el manual de relaciones dice ¡claramente! que jamás debes decirle a alguien primero que estas enamorada, no, no. ¡Y yo soy una mujer vale! Ella es una carajita ¿qué edad tiene? ¿24? Ella manejó mejor la situación, no se involucró, el manual lo tiré a la basura. ¡Sabías que tenía...

Tequila, limón y sal (III)

-Me estás tentando, te voy a dar un beso aquí y ahora. -Dámelo ¿por qué no lo haces? Era simple la respuesta, pero Andrea estaba tan bebida que se había olvidado que su novio estaba a unos pocos metros. Se acercaba provocativamente a mi cuello para decirme palabras sin sentido y en el proceso dejaba caer sus besos cortos en mi hombro. Su novio nos miraba fijamente. -Andrea estás muy tomada. -¡Me gustas Mawa! Me paré de su lado antes que la reunión terminara en un baño de sangre y sabía que yo iba a tener la peor parte. Andrea era incontrolable cuando se tomaba un par de cervezas. Lo demostró en otra ocasión cuando las dos visitamos a una amiga y me besó en su carro mientras la esperábamos. Yo estaba paranoica. -¿No se ve nada con estos vidrios ahumados? Se reía ante mi insistencia de tener un poco, un mínimo de precaución por lo que estaba pasando, yo no tenía nada que perder, pero ella sí, y mucho. Con sus palabras, en no molestartarme por esos detalles, me abrió la puerta ...

Tequila, limón y sal (II)

Andrea es perfecta. Tiene los ojos verdes, una piel que siempre presume de bronceado, cuerpo definido por el deporte, una sonrisa encantadora, un humor a prueba de malos ratos, encanto magnético, facilidad para hablar.  ¿Escribí que Andrea es perfecta...para mí? Pues no tanto, había un detallito que no podía pasar por alto: su novio.  La primera vez que la vi, fue en una pauta con periodistas. Ella estaba completamente perdida sobre lo que iba a hacer, yo tenía mucha experiencia haciendo diarismo, esto hizo que se acerca a mi para pedirme ayuda.  Lo primero que noté fue su acento colombiano.  -¿De dónde eres? -Maracay.  -¿Maracay? ¿Y ese acento? -Es de allá.  No pude evitar reírme. -Viví trece años en Maracay, es imposible que me digas que ese acento colombiano sea, no sólo de Maracay, de Venezuela. Di la verdad y cuéntame que estás ilegal en el país.  Lo dije medio en broma, medio en plan de coqueteo, porque Andrea me dedicaba ...