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Entradas

Tus caricias como respuesta

Eran las dos de la mañana y tu cuerpo calentaba el mio. Abracé con fuerza tu espalda pidiendo protección en mis sueños, hurgando ese lugar exacto para reposar mi cara. Teníamos seis meses juntas y ya te buscaba por instinto. Estabas en mi casa, en esa habitación de soltera sin cocina, sin detalles personales más allá de esas cinco cajas de libros que me acompañaban en cada mudanza. Una vez más le habías mentido a tu mamá sobre tu ausencia. Una semana antes tuvimos una pelea monumental que terminó en llanto, cuando te exigí que te quedaras conmigo más de dos noches seguidas. En mi casa reposaban restos de ti. Un cepillo de dientes, una muda de ropa, tu camisa de dormir. Pero no dabas el paso definitivo para quedarte más tiempo conmigo. Tenías miedo. De tu mamá, de asumir que estábamos en una relación estable, adulta y que necesitábamos nuestro espacio. Pero el temor de lo que pasaría te carcomía el alma en llanto. -No voy a estar toda la vida así Alejandra, eres mi novia. Quier...

Un mal día en el periodismo

-Veo un hombre detrás de ti, es una figura paternal. ¿Tu papá murió verdad? Algo me decía que no debía haber aceptado la entrevista con ese médium.  En dos años de ejercer el periodismo me había tocado ver de todo, desde muertos pudriéndose hasta golpes en una manifestación. Cuando uno piensa que el cuero se le pone más fuerte, allí estaba yo, con la piel de gallina. Miré con desconfianza a mi izquierda. No había nadie. -Me dice que tomes más tiempo para ti, que está bien en el lugar donde se encuentra. La frase me pareció uno de esos clichés que se escuchan en malos programas de videntes. O quizás era verdad.  Quizás mi papá, quien murió de cáncer dos años atrás, estaba presente para decirme que estaba de lo más feliz en el más allá. La entrevista terminó con otros consejos y la promesa de leerme las cartas con tiempo. Llegué a mi escritorio todavía con las palabras del médium en la mente. -Las vainas que tengo que escuchar. Abrí el correo y en letras g...

Intermedio

Señores lectores. Siento que los he decepcionado. Ustedes esperaban -¿o era yo?- que este blog se convirtiera en una ventana de vivencias bien escritas, algo serio, sin errores de redacción. Pero se ha convertido en micro relatos monotemáticos, escritos a lo loco, impulsados más por el calor del momento, que por una mente fría. Ese es el problema, no creo que se deba escribir desde la barrera de la autocensura. Escribir es remover sentimientos, mucho más cuando hay que buscar en el archivo de los recuerdos y toparte con pedazos desastrosos o muy buenos. Hay dos preguntas que siempre me hacen, "¿Te ha pasado todo eso?" "¿No te da miedo exponerte tanto?" A la primera contesto, sí me ha pasado todo eso. Quizás se me olvida una frase precisa pero la que escribo, está muy cercana a la realidad. Y a la segunda. No me da miedo exponerme, si así fuera, no publicaría nada. Lo he explicado en otros capítulos, esto es una catarsis, un descubrimiento. No es raro que ...

El reto (o como perder el tiempo)

-Deberías ampliar tus gustos. Agarró la botella de ron para darle un jalón al seco con los ojos clavados en mí. Estábamos encerrados en su cuarto, él sentado en la mitad de su cama, yo acostada a su lado. Las cortinas corridas, completamente a oscuras. Me había acostumbrado a ese ambiente de encierro, así que puede ver su expresión, tampoco disimuló el tono de doble sentido. Aún así me hice la loca. -¿Lo dices por qué? ¿Por qué solo me gusta la cerveza? Se limpió con su mano izquierda unas gotas de alcohol que le quedaron en la barbilla. -También. Me apoyé del codo, le arrebaté de las manos la botella y bebí hasta que la garganta se quejó. Volví a acostarme. -¿Quieres que ponga una película pornográfica? Lo miré buscando alguna señal de juego, pero él me miraba con seriedad. -¿Qué pretendes? -Nada. -No quiero ver ninguna película. Se acostó a mi lado, encima de mi brazo. Su cara a centímetros de la mía -Me encantan tus hombros. -¡Deja la vaina! Eres mi amigo. -¿Y que ...

El dolor

Lloro sin lágrimas. Estoy en el cine, y empiezo a sollozar al seco. No veo nada en particular que desate mi tristeza, ninguna película de drama. Solo que de la nada, me llega como una cachetada tu recuerdo. No es la primera vez que me pasa. Estos episodios se han repetido sin un orden en específico, no es necesario algún detalle importante. No sé cuando se activa el pasado, nuestro pasado. Escribirnos en ese tiempo, lo que fuimos, lo que nunca seremos, forma un nudo doloroso imposible de controlar. Sin ti, siento que he envejecido diez años. Se me han formado surcos debajo de los ojos de tanto sostener las lágrimas, te has quedado marcada en mis arrugas. Pero ahora, hay una gran diferencia. Ese sentimiento que me obligaba a caer doblada del dolor, bañada en llanto, se ha convertido en un espasmo silencioso de pena. Llorarte sin lágrimas lo atribuyo, a ir superando esta pérdida. La misión de olvidarte, equivale a borrar un pedazo de ti cada día. Lo confieso, no ha sido fác...

La gata (o como se me quitaron las ganas de ser una chica mala)

Yo era la más arrecha. Sí, señores. Creía que me comía el mundo, que podía tener una relación sin comprometer mi soltería. Dejaba las cosas en claro desde el principio. -Yo estoy divorciada de Sofía. Porque, a pesar que no hubo papel, tú me dirás que siete años de relación no eran un matrimonio. Así que no quiero compromisos. En ese tiempo, me encontré con las relaciones más locas del mundo pero nadie, ni nada se compara a esta mujer. La Gata. No recuerdo su nombre, por eso le cuelgo el mote. Ya sabrán el motivo. -Cuenten la experiencia sexual, más bizarra que han tenido. Pedía un amigo en una fiesta. De inmediato, todos hablaban de su mala experiencia, hasta que llegó mi turno. -Tienen que escuchar mi cuento con La Gata. Mis amigos se sirvieron una ronda de cerveza, prendieron los cigarros para escuchar atentos. En una época era adicta a los chats de citas, esos que de cada diez personas que conocías, una era normal. La Gata fue parte ese mal porcentaje, pero en ese mom...

¡Chao Fidel Castro!

Era el día 20 y ya estaba harta de Cuba. Al principio disfrutaba de esa mezcla entre penurias y alegrías que vivían los cubanos, pero en todo ese tiempo me cansé de comer lo mismo todos los días y de ser una carga para la señora que me mantenía casi escondida en su casa. En una oportunidad manejando bicicleta por una calle transitada, no respondieron los frenos y caí de boca contra el filo de una acera, a unos pocos centímetros paró un viejo Ford. La cosa no llegó a mayores, pero la señora casi muere de un infarto. -Si te hubiese pasado algo, yo era la culpable. Estaba otro tema más importante: Paul. Eramos novios o algo parecido. Salíamos en citas hasta la heladería Copelia, nos dábamos besos de adolescentes en el malecón, caminábamos agarrados de la mano como dos enamorados. Me sentía amaba, pero en el fondo me asaltaban todo tipo de dudas. Cuando llegó la fecha de irme, Paul me acompañó hasta el aeropuerto y me preguntó por nuestro futuro. -No sé que va a pasar, nos escrib...