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Intermedio

Señores lectores. Siento que los he decepcionado. Ustedes esperaban -¿o era yo?- que este blog se convirtiera en una ventana de vivencias bien escritas, algo serio, sin errores de redacción. Pero se ha convertido en micro relatos monotemáticos, escritos a lo loco, impulsados más por el calor del momento, que por una mente fría. Ese es el problema, no creo que se deba escribir desde la barrera de la autocensura. Escribir es remover sentimientos, mucho más cuando hay que buscar en el archivo de los recuerdos y toparte con pedazos desastrosos o muy buenos. Hay dos preguntas que siempre me hacen, "¿Te ha pasado todo eso?" "¿No te da miedo exponerte tanto?" A la primera contesto, sí me ha pasado todo eso. Quizás se me olvida una frase precisa pero la que escribo, está muy cercana a la realidad. Y a la segunda. No me da miedo exponerme, si así fuera, no publicaría nada. Lo he explicado en otros capítulos, esto es una catarsis, un descubrimiento. No es raro que ...

El reto (o como perder el tiempo)

-Deberías ampliar tus gustos. Agarró la botella de ron para darle un jalón al seco con los ojos clavados en mí. Estábamos encerrados en su cuarto, él sentado en la mitad de su cama, yo acostada a su lado. Las cortinas corridas, completamente a oscuras. Me había acostumbrado a ese ambiente de encierro, así que puede ver su expresión, tampoco disimuló el tono de doble sentido. Aún así me hice la loca. -¿Lo dices por qué? ¿Por qué solo me gusta la cerveza? Se limpió con su mano izquierda unas gotas de alcohol que le quedaron en la barbilla. -También. Me apoyé del codo, le arrebaté de las manos la botella y bebí hasta que la garganta se quejó. Volví a acostarme. -¿Quieres que ponga una película pornográfica? Lo miré buscando alguna señal de juego, pero él me miraba con seriedad. -¿Qué pretendes? -Nada. -No quiero ver ninguna película. Se acostó a mi lado, encima de mi brazo. Su cara a centímetros de la mía -Me encantan tus hombros. -¡Deja la vaina! Eres mi amigo. -¿Y que ...

El dolor

Lloro sin lágrimas. Estoy en el cine, y empiezo a sollozar al seco. No veo nada en particular que desate mi tristeza, ninguna película de drama. Solo que de la nada, me llega como una cachetada tu recuerdo. No es la primera vez que me pasa. Estos episodios se han repetido sin un orden en específico, no es necesario algún detalle importante. No sé cuando se activa el pasado, nuestro pasado. Escribirnos en ese tiempo, lo que fuimos, lo que nunca seremos, forma un nudo doloroso imposible de controlar. Sin ti, siento que he envejecido diez años. Se me han formado surcos debajo de los ojos de tanto sostener las lágrimas, te has quedado marcada en mis arrugas. Pero ahora, hay una gran diferencia. Ese sentimiento que me obligaba a caer doblada del dolor, bañada en llanto, se ha convertido en un espasmo silencioso de pena. Llorarte sin lágrimas lo atribuyo, a ir superando esta pérdida. La misión de olvidarte, equivale a borrar un pedazo de ti cada día. Lo confieso, no ha sido fác...

La gata (o como se me quitaron las ganas de ser una chica mala)

Yo era la más arrecha. Sí, señores. Creía que me comía el mundo, que podía tener una relación sin comprometer mi soltería. Dejaba las cosas en claro desde el principio. -Yo estoy divorciada de Sofía. Porque, a pesar que no hubo papel, tú me dirás que siete años de relación no eran un matrimonio. Así que no quiero compromisos. En ese tiempo, me encontré con las relaciones más locas del mundo pero nadie, ni nada se compara a esta mujer. La Gata. No recuerdo su nombre, por eso le cuelgo el mote. Ya sabrán el motivo. -Cuenten la experiencia sexual, más bizarra que han tenido. Pedía un amigo en una fiesta. De inmediato, todos hablaban de su mala experiencia, hasta que llegó mi turno. -Tienen que escuchar mi cuento con La Gata. Mis amigos se sirvieron una ronda de cerveza, prendieron los cigarros para escuchar atentos. En una época era adicta a los chats de citas, esos que de cada diez personas que conocías, una era normal. La Gata fue parte ese mal porcentaje, pero en ese mom...

¡Chao Fidel Castro!

Era el día 20 y ya estaba harta de Cuba. Al principio disfrutaba de esa mezcla entre penurias y alegrías que vivían los cubanos, pero en todo ese tiempo me cansé de comer lo mismo todos los días y de ser una carga para la señora que me mantenía casi escondida en su casa. En una oportunidad manejando bicicleta por una calle transitada, no respondieron los frenos y caí de boca contra el filo de una acera, a unos pocos centímetros paró un viejo Ford. La cosa no llegó a mayores, pero la señora casi muere de un infarto. -Si te hubiese pasado algo, yo era la culpable. Estaba otro tema más importante: Paul. Eramos novios o algo parecido. Salíamos en citas hasta la heladería Copelia, nos dábamos besos de adolescentes en el malecón, caminábamos agarrados de la mano como dos enamorados. Me sentía amaba, pero en el fondo me asaltaban todo tipo de dudas. Cuando llegó la fecha de irme, Paul me acompañó hasta el aeropuerto y me preguntó por nuestro futuro. -No sé que va a pasar, nos escrib...

La (bi)sexualidad

El discursito me lo conozco de memoria, "no me enamoro del género, sino de la persona". Los bisexuales son una raza extraña para mí.  Eso de andar por la vida sin mostrar un gusto particular por un pene o una vagina, es una declaración arriesgada, diría que hasta suicida. Vamos a estar claros.  Sentir, todos podemos reaccionar a una caricia, pero esta viene acompañada de una imagen definida, de un ideal sexual que debe encajar entre un par de senos o un pecho plano y peludo. La distancia entre una y otra es tan grande, que sería como comparar una Coca-Cola con un jugo de lechoza, o para ser más venezolanos, elegir entre ser opositor o chavista.  Quieres una cosa u otra. -La culpa es de Madonna. -¿Cómo es la vaina? Reaccioné al tocar mi talón de Aquiles. -Desde que se besó con Britney Spears, todas las mujeres quieren experimentar. Experimentar, ese es el problema. ¿Cuales son los verdaderos bisexuales? Si es que existen. Esos que pueden verse a f...

Chica mala

-Che, te amo. Me puse pálida, dejé de respirar, sentía como una corriente helada tensaba cada músculo de mi cuerpo. No estaba preparada para eso. A lo mejor no había escuchado bien, quizás Ana me estaba diciendo otra cosa. -Boluda te digo que te amo y no decís nada. Hice lo primero que se me pasó por la mente. Le sonreí sin abrir la boca, le di un beso en la frente, oculté mi pena con un abrazo de amigas. La temida cinco letras, debí imaginar que iba a pasar. En unos dos meses, cumpliríamos un año de relación y lo más común es que uno se enamore. Pero no lo estaba, tampoco lo quería. Me había prometido jamás enamorarme, tomar las cosas con calma, vivir con Ana el día a día sin presiones. Quería ser un agente libre, sin ataduras o compromisos cursis. -¡Eres arrecha Mawa! Quieres una relación abierta, con una chama que hasta tiene las llaves de tu casa. Me regañaban mis amigos. -No soy mujer de una sola mujer. -Hablas como el propio macho. -En una relación siempre hay uno...