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Entradas

Ella (Dos)

-¿Qué haces por aquí? Mi voz tenía una mezcla entre alegría y asombro. Alejandra estaba en el apartamento de nuestros amigos, sola. Había pasado más de un mes sin saber de ella. No recuerdo lo que contestó, pero me recibió con su típica sonrisa. -¿Y tu novio como está? Tiré la punta con toda la mala intención, pero me arrepentí al segundo. Me esquivó la mirada con pena, sin saber que decirme. Cambié el tema. Una hora después se estaba despidiendo de todos, pero tuve el impulso final de pedirle su número de teléfono. Lo dejé guardado, con el deseo de llamar, de mandar un mensaje. No lo hice. -Una caraja con novio. ¡Coño Mawa no fue suficiente con Virginia! -Lo sé amiga, lo sé. No voy a repetir lo mismo. -¿Me lo prometes? -¡Claro! Una semana después recibí un mensaje de Alejandra preguntando si iba a una reunión en el apartamento de nuestros amigos. Le dije que si. Ese día llegué tarde. La encontré muerta del aburrimiento, acostada en una cama. Me senté frente a ella. Me ...

Ella (uno)

-Mawa te presento a Alejandra...Alejandra una amiga. Cabello negrísimo y liso, ojos negros, piel canela, escote que asomaban pecas acompañadas de una sonrisa tímida. Nos dimos la mano y nos ignoramos toda la noche. A su lado estaba la novia como un guardaespalda, no se separaba de ella ni un segundo. Le pregunté a un amigo de confianza. -¿Cómo una tipa así se levanta a esa mujer tan bella? -Jajajaa, ¡Qué mala eres! Nos reuníamos en casa de una pareja de amigos en común. Yo llegaba después del gimnasio toda sudada y siempre la encontraba con la novia en el sofá, hablando muy bajo. Me gustaba, pero era incapaz de hacer lo mínimo para meterme en esa relación. Ni en ninguna otra. Pero en las fiestas era inevitable que nuestras miradas no tropezaran, intercambiábamos un par de frases que se atropellaban por la timidez. Jamás he podido entender cuando alguien está coqueteando o simplemente es muy amable. Esto se lo plantee a una amiga. -...entonces no sé Claudia pasa eso, pero la v...

Los coñazos en sucesos

Me tocaba la guardia de sucesos en el periódico. Todos los periodistas nos turnábamos los fines de semana para cubrir a nuestros compañeros fijos en la fuente. Eran una vez al mes, pero a nadie le gustaba salir a las nueve de la noche en busca de un muerto, en cualquier barrio de Guayana. Yo no tenía problemas. Lo había hecho en mi trabajo anterior y conservaba ese sentimiento de aventura, ingenuidad o periodista todo terreno que no le tiene miedo a nada. Recuerdo que mi guardia era un domingo, pero una compañera me pidió el favor de cambiarlo por su sábado. Tenía un compromiso importante. Accedí. Hice una última llamada al 171 antes de irme a mi casa. -Soy otra vez la periodista. Es pa ve si tenían algo. -No, no. No ha pasado nada relevante. -¡Qué bien! Estaba colgando el teléfono, cuando la voz de la mujer me interrumpe. -¡Ah bueno! Hubo un tiroteo hace un rato y murieron una mamá y su hijo de dos años. Salimos a 120 kilómetros por horas hasta una clínica en San Félix. N...

Mariposas negras

-Me gustaría quedarme colgada en tu oreja. Aquí, en esta que me gusta tanto. Toqué la oreja izquierda de Virginia. -¡Estás loca! -O enredarme en tus cabellos, en algunos de estos rizos. Trepar por ellos hasta encontrar tus pensamientos. ¿Estoy en ellos? -¿Te puedo dibujar el cuerpo Mawa? Quiero pintarte flores silvestres. -No, no. Tengo miedo que atraigan mariposas negras. -¡Qué dices! -Le tengo miedo a las mariposas negras. -¿Por qué? -Son de mala suerte, traen la maldad. Nunca me han gustado. -A mi si me gustan. -Cambia la música, no quiero escuchar Ely Guerra. -Escucha esta, es In a Manner of Speaking de Nouvelle Vogue. -Suena a quejido. -Mawa, esa canción soy yo. -Quiero escuchar Silvio Rodríguez. -No voy a poner a Silvio...¿te pinto las flores? -No, no. Van a llamar las mariposas negras. -Entonces me las pinto yo. -Virginia...te salen escarchas del cabello. -¡Estás loca! -Déjame tocarlo. -¡No me toques! Ahora no. -Te regalo mis fotos preferidas, te comparto ...

Abriendo cicatrices

Saqué de la maleta de mano una toalla para arroparme.  ¿A cuanto estaba el aire del autobús? ¿14 grados? ¿10 grados? No soportaba el frío y en la rapidez de mi viaje había olvidado meter una sabana. Me asomé por la ventana para encontrarme con una oscuridad que traspasaba el vidrio y me transmitía escalofríos que terminaban en llanto. Me toqué los labios con mis dedos helados. Palpitaban de dolor.  Sí, ocurrió. Horas atrás, pero no había sido un mal sueño. -¿Te puedes calmar Mawa? La voz de mi mamá era agitada, como toda la situación. Sostenía a mi hermano por el cabello mientras le daba golpes con la mano libre, él trataba de alejarme con manotazos inofensivos que caían en mi cuello, mi cara y en particular ese golpe en los labios. Escupí sangre. Todo duró apenas unos minutos, pero mi hermano terminó lleno de moretones que alejaron el motivo de nuestra verdadera pelea. Me sentaron a la fuerza.  -Todo esto es por lo que eres... -¿Vas a comenzar ma...

¡Hola Fidel Castro! (II)

Paul no era ningún "gringo". Era un suizo de 44 años, divorciado de una colombiana y padre de dos hijos. Pero su descripción más cercana no es esa. Paul era un hombre muy triste y tímido que estaba en Cuba buscando algo que lo espantara de la monotonía de su vida. Yo tenía 23 años menos que él, a pesar de esto o quizás por ese motivo, nos volvimos inseparables. Nos convertimos en unos locos extranjeros, curiosos de indagar en los límites de esa Cuba comunista tan atractiva para los dos. A su lado, nos topamos con una reunión de hombres gays, que fue dispersa por la policía nacional a insultos, empujones y golpes.  Los pocos que tuvieron la valentía de quedarse, fueron capturados con una sentencia por sodomía que los condenaba hasta con dos años de cárcel. En las noches, las esquinas de La Habana Vieja se llenaban de niñas buscando extranjeros para venderse por menos de 10 dólares. Su maquillaje apurado y la voz precoz no hacían juego con la seguridad que tení...

Del patán y cómo le di un golpe a Ruddy Rodríguez.

Hace 13 años cuando me preguntaron por primera vez por qué quería estudiar comunicación social, en esas presentaciones típicas del primer semestre, contesté con ideal romántico. -Siempre me gustó leer y escribir. Era algo válido entre tantos compañeros que lo eligieron por simple descarte, porque querían ser modelos o actrices, o unos mantenidos con título. Hace unas horas me hicieron la misma pregunta y no dudé en responder. -Por masoquista. Mi mamá me había advertido con una claridad que da la experiencia, que esta profesión me iba a matar de hambre. Todavía no lo ha hecho, pero nadie me dijo lo difícil que iba a ser tratar con las personas, salir a la calle, buscar la información y balancear la objetividad con la subjetividad. Con casi dos años de diarismo, entrené mi olfato para detectar en los primeros segundos de conversación quien está fingiendo un sentimiento, pero sobre todo, detectar a los patanes. A esos que son amigos del dueño del medio o que están pagando un poco ...