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Entradas

Recuerdos dolorosos

La última entrada de este blog me dejó agotada. Después de escribirlo, antes de pulsar el botón de publicar, tuve un momento de duda. ¿Era necesario compartir esto? ¿Por qué lo hago? ¿A qué me expongo? Normalmente nunca pienso en las consecuencias. Actúo por instinto, con el impulso de la pasión. Me detenía un comentario que todavía me deja un mal sabor en la boca. Le había confiado a una persona equivocada, esa escena. En ese momento me mostró todo el apoyo. Pero tiempo después, hizo un comentario público que me paralizó del asco. "Al menos mi mamá me quiere, cosas que no pueden decir otras". Cambié de idea gracias a un encuentro gratificante. Alguien se me acercó para confesarme que se veía reflejado en lo que escribía. Se refería a las peleas entre mis papás en la entrada "El día más duro". Dejé que hablara todo lo que tenía atorado durante años y al final coincidimos en que no estamos solos. Al compartir lo que nos pasa, lo que nos parecía una gran...

Mi confesión

-Eres una enferma. Esos ojos duros, fijos en mí. -Una enferma. Soy una mala madre. -No lo eres. -¿Desde cuándo lo sabes? -Desde siempre mamá. -¿Por qué no me lo dijiste? -Sabía que no lo ibas a entender... Su llanto ahogado. -Te voy a mandar a un psicólogo, eso se quita. -Hazlo, pero vas a perder tu dinero. -¿Qué hice de malo? Dime. Un grito convertido en quejido. -No hiciste nada malo mamá. -Claro que sí. No eres normal, eso...esto... Me señalaba con rabia. -Esto...tú....no eres normal. -Si soy normal. Lo que siento no tiene nada de malo. -¿Has estado con un hombre? -No. -Entonces tienes remedio... -No mamá, eso no tiene nada que ver. -¡CLARO QUE SI! -Mamá tienes que aceptar que soy... -No digas la palabra, que me da asco. Me das asco. Tragué las lágrimas. -Eso no lo permite Dios. -¿Desde cuándo crees en Dios? Intento de cachetada. -Voy a llamar a sus padres. -Hazlo. Nos unirás más. -¿Ellos lo saben? -No. -Les voy a decir...les voy a decir que ella te ...

La loca de la casa

Me aferraba a la pierna de mi mamá bañada en llanto. Era una escena que se repetía todos los lunes en la madrugada, cuando se preparaba para salir de Ciudad Bolívar a Puerto Ordaz donde estudiaba ingeniería. A los seis años no sabía eso. Solo entendía que me dejaba sola con mi abuela y que no me visitaría hasta el viernes siguiente. Tiempo después mi mamá me confesó que se iba caminando a la parada del bus, con el corazón arrugado por la tristeza. Mi abuela me conocía. Me despegaba de la pierna de mi mamá con todas sus fuerzas y me ofrecía mis galletas favoritas, mojadas en café con leche. Santo remedio. Me calmaba con esa facilidad que tienen los niños de olvidar las tristezas y los problemas con pequeños detalles. Criarme con mi abuela fue explorar un mundo donde era una salvaje. Salía descalza a la calle a jugar pelotica de goma con los muchachos, me escapaba para bañarme en la lluvia y en las tardes me trepaba en una mata de guayaba que daba al techo de la casa. Allí me ...

¿Dónde nace la homofobia?

Hay una diferencia importante entre ser gay y un homofóbico. El primero no elige serlo, el segundo lo adquiere en una decisión consciente de rabia y odio. He notado que los homofóbicos ni siquiera se sienten como unos. Para ellos, sus pensamientos son parte de una "verdad universal". Ante una realidad que desconocen, dejan escapar comentarios radicales, comparaciones exageradas y sentencias cercanas al nazismo. El gay debe mantener una imagen de perfección: esos se salvarán. Pero para los homofóbicos son pocos. Los demás, esos que al final cometen las mismas equivocaciones que los heterosexuales, no tienen derecho a nada. Cada vez estoy más segura, que un homófobico radical es un gay reprimido, marcado por una especie de rencor. Es una manera de explicar tanto veneno desatado. Por eso los homofóbicos, lo que me inspiran es más lástima que otra cosa. Mientras la sociedad avanza a un reconocimiento entre todos los seres humanos, ellos se van quedado atrás, como rémoras...

Virginia, la feminista.

Virgina llegó a mi vida para darme cuenta que las situaciones pueden ir de mal en peor. Ella me debe disculpar por dos cosas: que utilice su verdadero nombre y que le dedique varios capítulos de mi blog. Pero Virginia no tiene pérdida.  No creo que alguna vez lea esto -y si lo hace- estoy segura que se sentaría con un pote de helado, a disfrutar con esta especie de "tributo". En nuestra breve relación perdí cinco kilos, la paciencia y lo más importante...mi amor propio. Mis amigas le decían Dementor, por aquel personaje de Harry Potter. Me chupaba mis energías, las ganas de vivir y trabajar. Recuerdo que me mantenía pegada al celular esperando alguno de sus mensajes, pero siempre caían en lo mismo. "No voy a poder verte. Me siento...y aquí podían escribir "mal, deprimida, sola, cansada, obstinada, bla, bla, bla". Porque Virginia sufría de unas depresiones que le duraban una semana.  Era lógico. Virginia era actriz de teatro. Eso fue lo que ...

Mónica Naranjo y él

En la universidad había formado un grupo muy unido. Mi mamá me pagaba en Maracay un apartamento con tres habitaciones para mi sola. Organizaba fiestas de martes en domingos. Los lunes eran para estudiar y descansar del exceso. Era raro cuando estaban menos de diez personas en el apartamento. Era el sitio para hablar y formar unas reuniones monumentales que terminaban a eso de las siete de la mañana. Los vecinos lógicamente me odiaban. Estaba nueva en la ciudad y soltera. En las mismas condiciones que mis amigos. En Maracay no sentía la presión de estar con alguien para aparentar...lo contrario. Todos eramos almas libres, sin ataduras, pendientes de las bromas, quejarnos del mundo, con el único propósito de ser felices. Nadie quería estar atado a nada o a nadie. El que lo hacía, era condenado por el grupo. Cris, una de mis mejores amigas llegó una noche con la noticia. -Tengo novio. Nos alegramos. Pero en el fondo pensamos que el grupo se rompía. Llegaba un intruso a quitarn...

Juegos peligrosos

La botellita. No existe algo tan infame en el mundo como ese juego entre varias personas, quienes hacen una rueda con la única excusa de darse un beso sin remordimientos, con el que te gustaba. En el liceo, era una fija que alguien saliera con la genial idea de utilizar una botella y dejar que el destino te enviara a ese acto público de escoger entre una confesión o un hecho. Siempre me iba por la confesión. Ni me interesaba, ni quería besarme con alguno de los muchachos. Además...¿Qué tanto podía confesar alguien de 16 años? -Mawa...¿si pudieras besarte con alguno de aquí con quién lo harías? ¡Coño! Gritaba mi mente. Omar había quedado en el pasado unos meses atrás, y solo deseaba que me dejaran tranquila con el tema. Pero mis amigas insistían. Miré a mi alrededor y seleccioné a Jorge, uno de los muchachos que apenas conocía. Un nerd en toda su extensión, tímido, que se ponía nervioso al hablarme. Supuse que le daría lo mismo si lo nombrara o no. Otra ronda y la botella m...